Enviar
Sábado 25 Febrero, 2012


Al final, el gobernante cruza los dedos para salir bien librado de su gestión y por entregar su banda presidencial, jura y perjura que esa experiencia no la vuelve a repetir

Costa Rica… entre sol y sombra

Cuando una persona somete su nombre al escrutinio de la ciudadanía para gobernar nuestro país, debe de ser capaz de despertar en la mayoría de los votantes la atención necesaria y para ello se apoya en sus capacidades personales e intelectuales que le permitan “vender” una idea y un estilo para gobernar que pretende establecer un antes y un después de su gestión.
Al iniciar el gobierno su gestión, todos los gobernados o al menos los que votaron por él, hinchados de esperanza vaticinan que todo va a cambiar para bien, y aseguran que las personas con las cuales se ha rodeado el gobernante tienen sobradas capacidades para realizar el golpe de timón que el país necesita para salir del atolladero.
Pero la realidad es que más temprano que tarde, y a como se avanza en la gestión gubernamental, se dan tres elementos que se encargan de desinflar la esperanza de los gobernados: lo primero que se dan cuenta es que la fuerza laboral con la que deben de realizar las proféticas tareas expuestas en campaña es la misma, y que no la pueden cambiar muy fácilmente. A los pocos días de iniciar la gestión pública y aún embriagados de la dicha de su nuevo reto, afrontan la segunda realidad relacionada con la maraña legal y procedimental que hace que la cosa más simple sea sumamente difícil realizarla; y la tercera realidad no es nueva, pero es la primera vez que la experimentan desde el lado del gobierno y se relacionan con la realidad de que están gobernando un país pobre, en donde predomina el chorizo, la evasión fiscal es el deporte más popular, el tráfico de influencias, la politiquería, enriquecimiento ilícito, la falta de probidad de los funcionarios públicos, y los escasos recursos que quedan una vez pagada la planilla, son mal aprovechados.
Al final, el gobernante con muy pocos de los ejecutivos que iniciaron su gestión, cruzan los dedos para salir bien librados de su gestión y por entregar su banda presidencial, juran y perjuran que esa experiencia no la vuelven a repetir. Ya para ese entonces, la ciudadanía vuelve a confiar con su voto la gestión de gobernarnos a un nuevo grupo y se inicia el círculo en donde revive la esperanza de que el futuro vaya a ser mejor.

Ing. Mynor Retana C.
[email protected]