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Jueves 30 Mayo, 2013

Debemos aspirar no solo a ser “miembro de” un grupo internacional muy destacado, sino a que eso se traduzca en logros efectivos, no de papel


Costa Rica en la OCDE

La intención de Costa Rica de ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se ha evidenciado desde hace varios años. Luego de plantear una retórica “bonita”, pero que no necesariamente mostraba congruencia con los objetivos de fondo de la Organización, hace cerca de 18 meses la participación del país se ha dinamizado vía intervención en foros y comités de la OCDE.
En un análisis de costo-beneficio, en el que al formar parte de la OCDE derivarían planos de acción enfocados en generar cadenas de valor para potenciar el crecimiento económico y mejorar los índices sociales del país… los costos no opacarían las oportunidades que se abrirían como país miembro.


Entrar a la OCDE ampliaría relaciones con países miembros y no miembros.  Representaría una oportunidad para aprender de las experiencias de países emergentes y desarrollados, no en vano a los que la conforman se les conoce como “el club de los países ricos”. Desembocaría en el diseño de políticas públicas consistentes con los compromisos que se adquieren al suscribirse a la organización y armónicas con las políticas económicas y sociales de los países miembros. Inevitablemente mejoraría la imagen y reconocimiento de Costa Rica ante el mundo, fin muy sensato si pensamos que en términos tangibles “atraer las miradas del mundo” hacia Costa Rica podría convertirse en aumento de inversión extranjera directa y en mayor flujo de turistas hacia nuestro país, por ejemplo.
Sin el objetivo de quitar mérito a estos importantes esfuerzos, representados también por la intención de formar parte de la Alianza del Pacífico, la Alianza Transpacífico, el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico (APEC), entre otros. Sería más acertado decidir cuáles son los organismos y alianzas internacionales que nos aportarían “más y mejor”, a partir del escenario actual y en función de los objetivos que nos hemos trazado como país.
La propuesta sistemática de tener muchos “frentes de acción”, aunque refleja interés de generar mayor exposición y reconocimiento de Costa Rica en el mundo, no concentra esfuerzos en nuestras prioridades económicas y sociales.
Antes de meterle tanto el acelerador a estos procesos, debemos revisar el motor para analizar si esa velocidad es sostenible y razonable con los avances en los indicadores internos de desarrollo económico y social. Algunos debes en los que previamente deberíamos trabajar son por ejemplo: reanimar la voluntad ciudadana; ajustar políticas; plantear alternativas y tomar decisiones para mejorar nuestra productividad y nuestra competitividad.
Mejorar nuestra participación internacional y optimizar el accionar interno no son procesos excluyentes. Lo que sostengo es que debemos aspirar no solo a ser “miembro de” un grupo internacional muy destacado, sino a que esa participación, suscrita o en proceso, se vea traducida en logros efectivos y no de papel.
Debemos aumentar la importancia de nuestra economía en el comercio y aportes estratégicos que demos al mundo. Debemos consolidar nuestro aporte hacia adentro y hacia afuera de Costa Rica, como una filosofía país que se convierta entonces en la causa y no en la consecuencia de conformar organismos internacionales del peso de la OCDE.


Gerente general, Corporación Álvarez y Marín
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