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Nuevo impuesto indiscriminado acabaría con el pequeño campesinado, dañando el tejido social de las comunidades del agro

Contra el campesino

Resulta increíble que sea un gobierno de Liberación Nacional, un partido político que nació al calor de ideas como defender el agro y volver a la tierra, para que el campesino fuera dueño de esta y acabar con el latifundio, el que defienda hoy un proyecto que, por el contrario, acabaría con ese campesinado, dañando el tejido social de muchísimas de esas comunidades.
Es grave. Se trata de una política injusta y destructora.
Se busca cobrar una nueva valoración del impuesto a los bienes inmuebles con poca distinción entre terrenos dedicados a actividades comerciales y aquellos usados para producción agropecuaria.
Para esto se hicieron valoraciones de las propiedades a través de un sistema denominado de “zonas homogéneas”, un estudio basado en fórmulas extranjeras, que elevó el valor de la tierra nacional, por ejemplo, en algunos sitios, en un 794%.
Esto sube en la misma medida el impuesto a pagar. Pero haciendo ilusa homogeneidad entre comercio, turismo, grandes productores, exportadores y campesinos que con costos sobreviven.
Estos últimos estarían sentenciados a desaparecer como tales si se les obliga al mismo impuesto que a los grandes.
Amenazar de este modo a los campesinos que están produciendo nuestros alimentos para favorecer con ese impuesto a municipalidades que, en la mayoría de los casos, no han sido capaces a la fecha ni de ejecutar bien los presupuestos actuales, es un sinsentido.
Sería condenar a esos campesinos, como tantos otros han tenido que hacerlo, a dejar el campo y venir a engrosar los cinturones de pobreza de las ciudades agravando todos los problemas que esto conlleva.
Las políticas que tomen los gobiernos, ya sea el central o los locales, deben ser para brindar soluciones, nunca para generar problemas.
En este caso, una disposición que generaliza, sin haber analizado previamente las muy diferentes condiciones de los sectores involucrados, demuestra la ligereza con que se hacen las cosas aun si se trata de algo tan vital como el campesinado de un país.
Cóbrense más impuestos a quienes sí tienen demostradas ganancias como para deber pagarlos, pero no a los agricultores pequeños que apenas sobreviven con bajísimos ingresos.
Cóbrense más impuestos cuando se demuestre que acabaron el despilfarro, el desvío de fondos, las pérdidas por supuestos errores y las pésimas administraciones.
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