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Los partidos políticos no pueden proponer para los más altos cargos públicos a fieles seguidores sin importar su capacidad para ejercerlos

Congreso: una falla de los partidos políticos

En lo que va de este año, diez artículos de la Ley de Tránsito se anularon por criterio de la Sala Constitucional.
Pero esto no es todo, a la fecha, de acuerdo con lo que detalla una nota de este medio ayer, casi cien reclamos están pendientes de resolver por esa Sala entre acciones de inconstitucionalidad y recursos de amparo.
El año pasado los magistrados conocieron más de 400 acciones contra esa ley por supuestamente violentar los principios de “razonabilidad y proporcionalidad” en las multas.
Esto realmente es muy delicado porque pareciera demostrar que nuestra Asamblea Legislativa no es capaz de legislar bien y, como consecuencia de ello, llena la Sala Constitucional de una enorme cantidad de trabajo que no tendría por qué estar realizando si los diputados hicieran bien su trabajo.
Es el Congreso quien debe legislar, pero debe hacerlo bien. Es para eso que los costarricenses han elegido diputados.
Sin embargo la realidad es muy otra, como nos consta.
Pero como los costarricenses no eligen en forma directa a sus legisladores, sino que deben votar por aquellos candidatos que los partidos políticos eligen para ocupar curules, es realmente en estas agrupaciones donde recae la responsabilidad si es que han seleccionado para ello a personas que no estaban capacitadas para cumplir con esa función pública.
Los partidos políticos no pueden otorgar la posibilidad de ocupar los más altos cargos públicos (legisladores) a quienes demuestran serles fieles seguidores sin importar su capacidad para ejercerlos.
Con esta actitud esas agrupaciones están demostrando a su vez ineptitud para el ejercicio inteligente y sano de la política.
No tendrá credibilidad un partido político mientras no demuestre que, ante todo, lo que busca es integrarse con las mejores personas y con los líderes e intelectuales con capacidad y probidad para desempeñar, si fuera el caso, los más altos puestos de gobierno en el país.
La demora y el desacierto en la elaboración de leyes que los costarricenses necesitan con urgencia, denotan una Asamblea Legislativa incapaz de cumplir bien su deber. Pero esto demuestra a su vez una deficiencia grave en el seno de nuestras agrupaciones políticas que es de donde surgen las nóminas para los cargos de diputados.
Un problema que la clase política deberá resolver si quiere continuar siéndolo y aspirar a la credibilidad de los costarricenses.


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