David Gutierrez

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Martes 4 Septiembre, 2012


¿Cómo reducir el caos vial?

Costa Rica padece una crisis general de infraestructura. Se trata de una de las áreas que más impactan la calidad de vida de los costarricenses, pero salvo algunas excepciones, los gobiernos han abandonado la infraestructura vial del país.
Hoy, casi todas las carreteras importantes son viejas, están deterioradas y deficientemente demarcadas, o peor aún, fueron mal construidas y reciben pésimo o ningún mantenimiento.
Por otro lado, si analizamos los ingresos del Consejo Nacional de Vialidad —ente estatal a cargo de construir y mantener obras viales—, vemos que no son despreciables. Para este año se estiman en ¢225 mil millones, pero aun así, la infraestructura nueva es poca y además avanza lentamente.
Paradójicamente, a pesar de que desde hace 15 años es posible concesionar obra pública, los gobiernos tampoco han hecho buen uso de esta figura legal. Seguimos sin contar con un tranvía, centros de intercambio de transporte, metro u otras alternativas que permitirían más opciones viales y de transportes, así como mejorar la calidad de vida. Por si fuera poco, ¡decidimos cerrar el tren!
Los resultados de este abandono y mala gestión son claros. Las muertes en las carreteras nacionales van en aumento (221 muertes a julio de este año). La congestión vial hace que se pierdan tiempo y dinero, con lo que la competitividad del país se afecta. Además, se gasta más combustible, por lo que aumentan la factura petrolera y la contaminación.
Finalmente, quienes pagan sus impuestos de circulación, cada año reciben peores servicios y carreteras, lo que conlleva a más atascos viales, más tiempo perdido, más furia y violencia de los conductores.
La situación es tan caótica, que hay centros de estudio y empresas que deben modificar sus horarios por limitaciones y congestionamiento de las carreteras.
Entonces, ante ese escenario, ¿por qué los gobiernos no hacen más para mejorar la infraestructura vial? Si partimos de que la situación seguirá igual, una salida muy práctica y necesaria es la regulación del tránsito de los casi 35 mil camiones transportadores, vagonetas, furgones y demás. Muchos de estos vehículos son lentos, viejos y mal mantenidos. Su paso provoca atascos, colapso y en muchos casos accidentes, dada la ansiedad de los demás por rebasarlos.
La regulación de los camiones de carga pesada se podría basar en el programa de restricción de ingreso vehicular. El MOPT podría establecer un horario para la circulación de é
estos, como por ejemplo, impedir su paso entre 7 a.m. y 7 p.m. Desde luego que esto causaría complicaciones logísticas a las empresas de transporte, pero ante todo debe primar el bien común por encima del interés particular.
Si los gobiernos, por razones difíciles de entender, no quieren más y mejores obras viales, que al menos regulen a los principales causantes de los atascos y del desmejoramiento de la calidad de vida de los demás.

David Gutiérrez Swanson
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