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Viernes, 28 de enero de 2022



EDITORIAL


Claves para el progreso

| Sábado 22 febrero, 2014



Tenemos muchísimos aspectos positivos y la esperanza de que se harán las cosas bien


Claves para el progreso

Se dice casi siempre que si aparecen muchos problemas, algo no hicimos bien.
¿Qué no hicimos en los últimos años, por lo cual tenemos algunos serios rezagos?
Entre otras cosas, mejorar la calidad de la educación y adecuarla en lo posible a lo que se sabía que serían las demandas del futuro mercado.
Pero también se debió preparar al sector productivo, y especialmente a las pymes —mayores generadoras de empleo en el país— para que estuvieran en condiciones de aprovechar las oportunidades que traería consigo la firma del Cafta.
Sin embargo, estamos “parcialmente preparados” en materia educativa, como lo señala un reportaje de este medio el viernes, referido a la situación de la educación en Costa Rica, reflejada en la más reciente edición del certamen mundial PISA.
De acuerdo con el mismo, quedamos en el puesto 50 en el mundo y en el segundo lugar a nivel latinoamericano. Lo primero es mediocre para los estándares globales, mientras que lo segundo es aceptable para Latinoamérica.
Por otra parte, la mayoría de las pymes se han quedado esperando por años, políticas de Estado que las apoyaran para dar el salto que necesitaban a fin de ser más eficaces y eficientes para enfrentar la competencia mundial.
Pero los gobiernos no fueron capaces de dar esos dos pasos hacia adelante (además de infraestructura, salud y seguridad), y esto significa que hoy estamos con el retraso por todos conocido y lamentado, aunque algunos pretendan ser conformistas e intenten minimizar esta realidad.
No podemos sin embargo conformarnos, porque Costa Rica puede, sin duda, avanzar en todos los sentidos mencionados, con solo que exista la voluntad política para administrar bien los dineros públicos y llevar a cabo lo que la población necesita.
La tarea no es fácil, desde luego, porque la desatención y la inacción permisiva de los gobiernos han convertido a los entes públicos en sitios recargados de clientelismo.
Estos no han tenido las debidas directrices y controles para operar con actitud de servicio y afán por el bien común. Necesitaron además estrategias y métodos diseñados inteligentemente para eso.
A pesar de todo esto, tenemos muchísimos aspectos positivos y la esperanza de que se harán las cosas bien.
 






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