Campaña inédita en medio siglo
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El país vive uno de tantos procesos de maduración que deberá vivir su democracia. Y como todo asunto de este tipo, no fluye como un manso río sino que se agita como aguas turbulentas


Campaña inédita en medio siglo

El calor de la campaña política, las normales tensiones y esfuerzos extraordinarios de los candidatos por resultar vencedores y de los electores por tomar la mejor decisión, entre muchas otras cosas propias de la circunstancia, tal vez no han dejado tiempo a algunos costarricenses para medir la magnitud del hecho de estar viviendo una campaña como no se tenía al menos en medio siglo.
Sin embargo, nos parece de gran importancia reflexionar en esto, no solo ahora sino también después de concluida la campaña.


El país vive uno de tantos procesos de maduración que deberá vivir su democracia. Y como todo asunto de este tipo, no fluye como un manso río sino que se agita como aguas turbulentas.
Los partidos políticos tradicionales entraron en crisis de divisiones ideológicas internas desde hace años, aparecieron nuevas agrupaciones, hubo desplazamientos de seguidores de unos partidos a otros y surgieron tendencias que si bien resultan novedosas para Costa Rica en realidad no lo son para el resto del mundo democrático.
En el otro lado de las cosas, la ciudadanía insatisfecha con los diferentes gobiernos, con la corrupción, agobiada en algunos casos por la pobreza, la desigualdad, la falta de un sistema de salud eficiente y la falta de empleo entre otros males que no reciben atención, comenzó a pensar en encontrar una posibilidad real de ser tomada en cuenta.
Todo esto a pesar de que algunos sectores productivos sí lograron sacar buen provecho de las políticas existentes, a pesar de sus quejas contra la maraña burocrática y otros escollos que deben superar.
Más allá del significado que todo esto pueda tener en el actual proceso electoral, es necesario tener claro que sin importar cual sea, el próximo gobierno no podrá gobernar sin lograr eficaces diálogos y acuerdos con una Asamblea Legislativa que, de cualquier modo, estará muy dividida.
Así las cosas, lo mejor sería comenzar ya a hacer el listado de los principales y más grandes problemas que, al menos en alguna medida, se han ventilado en la presente campaña, y trabajar sobre todos aquellos en los que se pueda lograr un consenso.
Este ejercicio, por otra parte, obligará a los partidos políticos y a sus principales líderes a entender que los acuerdos no se logran con intransigencias y que es esencial aprender a escuchar.
Llegar a importantes acuerdos que el país necesita, pasa, por fuerza, por diálogos inteligentes, en donde se escuchen con atención e interés las diferentes posiciones, y mediante una sabia voluntad de ceder algo para obtener algo, el engranaje de nuestra democracia reciba nuevo impulso para seguir su marcha.

 


 


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