Alimentos: ¿cómo asegurarlos?
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Acelerar estudios sobre el uso de la tierra, tipos de cultivos y sus necesidades, modificación de las condiciones, entre otros datos, permitiría planificar un apoyo real al agro

Alimentos: ¿cómo asegurarlos?

El debate que se mantiene en el mundo sobre cómo evitar la amenaza de un faltante de alimentación y un consiguiente incremento en el precio de los alimentos que los haga inalcanzables para muchos, es complejo pero no debe posponerse.
El cambio climático y su impacto en el agro, el aumento de la población en el planeta, el incremento del hambre, la opción de la energía de biomasa, son temas que confluyen en ese análisis.
Mientras unos opinan que en el mundo hay suficiente cantidad de comida como para alimentar sin problemas a toda la población, pero que esto no ocurre por la existencia de un sistema económico injusto, otros aseguran que la producción de biocarburantes contribuye al alza de los alimentos.
Pero hay muchas otras variables en torno al tema que, como dijimos, es complejo. De producirse un faltante habría menos oferta y se dispararían los precios. Esto lo sufrirían en mayor medida aquellos países dependientes de importaciones.

Por otro lado, y más allá de la polémica sobre alimentos o combustibles, la realidad de cada país impone medidas específicas. Lo único que no puede hacerse es ignorar esta realidad y esperar a que una crisis —como tantas otras veces ha ocurrido en el país en diversos asuntos de importancia nacional— obligue a medidas para apagar incendios, con todas sus negativas consecuencias.
En el caso de Costa Rica —contrario a Brasil, que por sus dimensiones está en el centro de los que exitosamente producen biocombustible— debería enfrentarse el problema de asegurar los alimentos a partir de su tamaño, su geografía, su clima y economía, además del factor cambio climático que nos afectará de modo particular.
Esto implica acelerar estudios sobre el uso de la tierra, sobre tipos de cultivos y sus necesidades, modificación de las condiciones, entre otros datos que permitan planificar un apoyo real al agro que redunde en mayor producción y competitividad y en empleo para evitar el desplazamiento del campesinado a la ciudad.
Vemos que el debate sobre el cobro de mayores impuestos municipales a los bienes inmuebles reveló, entre muchas otras carencias, la falta de un mapa - país que muestre en qué se están usando las tierras actualmente.
Es decir, que si no tenemos ni siquiera ese punto de partida para iniciar la planificación que debemos, debe darse prioridad a estas tareas, capacitar simultáneamente al personal de las instituciones involucradas y al mismo tiempo establecer claramente los mecanismos de control y los responsables de ejecutarlos para que la gestión se haga bien y sin sorpresas.

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