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Cobrar bien los impuestos actuales aportaría a las arcas públicas dinero que hoy no llega y de donde debería salir el porcentaje que la ley otorga al PANI y lo suficiente para tener, por aparte, centros para menores delincuentes


Albergues del PANI en serio riesgo

Delincuentes juveniles comparten con niños en las casas de cuido del PANI, nos dice una nota de este medio ayer.
¿Tiene solución el problema? Sí, desde luego. Lo que ha faltado es la voluntad política. El grave problema tiene remedio así como lo tienen otras múltiples calamidades que agobian a los habitantes de este país.
Ninguna nación por muy subdesarrollada que sea, se puede permitir esto que hoy ocurre en los albergues del PANI, pero también en nuestras cárceles.
Ello denota una gran incapacidad de los gobernantes para enfrentar un problema que, sabemos desde hace muchos años, crece en medio de la pobreza y la pérdida de valores propiciada por un modelo de desarrollo que no se preocupó ni ocupó de esto.
El resultado es que ya no solo en adultos se presentaron la delincuencia y la violencia sino que alcanzaron, como látigo de verdugo, a los niños y adolescentes.
Ahora que el problema se vuelve inmanejable, la respuesta sigue siendo darle la espalda. Los menores más desamparados de nuestra sociedad (otros muchos deambulan por las calles), deben compartir en sus albergues con menores delincuentes o drogadictos, para citar solo dos males.
Sin embargo, la sola acción de cobrar bien los impuestos actuales aportaría a las arcas públicas dinero que hoy no llega y de donde debería salir el porcentaje que la ley otorga al PANI y lo suficiente para tener, por aparte, centros para menores delincuentes.
Esto no solo permitiría contar con esos albergues especiales, sino con el número de cárceles que se necesitan para acabar con el inhumano hacinamiento actual de esos centros en donde, igual que en el caso de los niños, se mezclan peligrosos delincuentes con otros que han cometido faltas menores.
Pero no solo eso debe hacerse. También es urgente dar capacitación adecuada, especial, al personal de los centros penales, algo de lo cual carecen hoy cientos de ellos.
Desde luego que a la par de esto, debe existir también la voluntad política para atacar el problema desde su raíz, no solo atender sus consecuencias.
Esto exige plantearse un modelo de desarrollo que provea a los niños de casa, salud y educación. Es decir, hogares con situación digna que les permita criar hijos que sepan mantenerse alejados del látigo del verdugo —drogas, delincuencia—.
Es probable que resulte menos oneroso y problemático esto que construir y construir cárceles, dotarlas de personal capacitado y de insumos, solo para que sigan llenándose.
 

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