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Si su gabinete la sigue en la batalla, es un hecho que las trincheras corruptas se defenderán, y tienen más posibilidades estas de aniquilar al intruso que trata de rescatar a las células aún sanas


Presos de la corrupción

Quien se ofrezca a atacar la corrupción y tenga una fórmula para derrotarla, merece la oportunidad de liderar el país.
Los hechos de la última semana son complejos, pero exponen síntomas del mal, que es tan devorador como un cáncer.
Puede quitarnos la vida en días, o dejarnos vivir debilitados indefinidamente.
En este momento es imposible reconocer si lo que enfrentamos son síntomas que con pequeñas soluciones pueden subsanarse, o si a estas alturas la única salida es una quimioterapia al aparato estatal.
La defensa a ese mal es la Procuraduría de la Ética, ignorada en los últimos años.
Su ineficacia es entendible porque solo tiene la sanción moral para combatir la enfermedad.
De las investigaciones clave, ninguna termina en una sentencia que advierta a las células mortales que las defensas del Estado atacarán cualquier intento de corrupción.
Por el contrario, la percepción es que la pasividad maniató este mecanismo de defensa, y como sus sanciones no son vinculantes, pues nada pasa.
Dicho en menos palabras, mientras que algo sea legalmente correcto, no importa que moralmente haya putrefacción.
La Procuraduría es una oficina llena de funcionarios, y las batallas las dirigen los líderes.
Entonces, volvemos la mirada a la mandataria Laura Chinchilla.
La situación tampoco mejora, porque es poco lo que puede hacer si la afección está en los mandos medios, por debajo de sus comandantes.
Si su gabinete la sigue en la batalla, es un hecho que las trincheras corruptas se defenderán, y tienen más posibilidades estas de aniquilar al intruso que trata de rescatar a las células aún sanas.
Los acontecimientos de la última semana no permiten señalar de forma directa a Chinchilla, ni lanzar las críticas a quemarropa por todos los males que aquejan al país.
Lo preocupante es que la cabeza puede cambiar, pero el cuerpo continuar secuestrado por este mal.
Todo el país sabe ya que la corrupción es el mal que nos aqueja, la encuesta de CID Gallup lo alertó en febrero cuando saltó por primera vez en los últimos años como la mayor preocupación de la sociedad.
Esta semana pasó igual, y hoy tenemos ministros renunciando y una campaña de exoneración de culpas.
La mandataria puede quitar a todo su gabinete, pero el problema seguirá ahí.
Desde los medios de comunicación el espacio estará dedicado a insistir en el problema, y a visibilizarlo, pero indigna que cada vez haya mayor tolerancia simplemente porque nos acostumbremos a las faltas morales.
Por eso, quien se ofrezca a atacar la corrupción y tenga una fórmula, merece la oportunidad de liderar el país y devolvernos los valores morales.



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