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Sábado 16 Marzo, 2013

Como señaló Ludwig von Mises, uno siempre actúa con el fin de mejorar su satisfacción o de salir de un estado de insatisfacción. Por eso, toda acción siempre busca el interés propio


Para quien predica el altruismo

Quien predica la moralidad del sacrificio propio o altruismo dice que es mejor dar que recibir. Pero no puede darse lo que no ha sido producido. La producción viene antes que la distribución.
¿Por qué admirar la “compasión” del político que distribuye regalos que él no produce, y no al trabajador (contribuyente) que los hace posibles?
Además: ¿Por qué es moral buscar la felicidad de otro, pero no la mía? ¿Por qué es inmoral que yo desee algo, pero es moral si otro lo desea?
O, si dar es una virtud, ¿no será malo recibir? La horrible verdad es que para la moralidad altruista no es malo recibir, siempre que no sea ganado honradamente.
Como dijo Ayn Rand, en efecto el altruismo designa dos bandos: usted y el resto del mundo. Usted no debe desear nada, el resto puede desear cualquier cosa de usted. Usted solo da, el resto recibe. Usted es el eterno deudor, el resto son acreedores que nunca reciben suficiente pago. Usted es el esclavo, el resto son sus amos.
Como al dar algo siempre alguien tiene que recibirlo, para que el sacrificio propio o altruismo sea universal, cada persona debiera ser egoísta y no egoísta al mismo tiempo, lo cual es imposible.
Si todas dan, ¿quién recibe? Y si alguien recibe, ¿cómo es altruista? Además, si todos pretendiéramos vender nuestras pertenencias para darles a otros individuos el producto de esa venta, no quedaría nadie para comprarlas. Es más, el sacrificio o desinterés propio como valor no es ni siquiera imaginable: las valoraciones no solo no pueden ser desinteresadas, sino que llamamos “valor” y concedemos valor a aquello que más nos interesa.
Como señaló Ludwig von Mises, uno siempre actúa con el fin de mejorar su satisfacción o de salir de un estado de insatisfacción. Por eso, toda acción siempre busca el interés propio.
Aun quien desea mejorar la condición de otra persona busca su interés propio porque, por ejemplo, ve más satisfactorio que otra persona coma en vez de comer él; saber que otro tiene hambre le causa insatisfacción. Sin duda el altruismo es imposible, es un gran engaño para beneficiar a ciertos parásitos.
Quien predica la “moralidad” del altruismo la practica solo cuando se le requiere social y religiosamente, para mantener las apariencias. Esta es la causa de gran parte de la hipocresía que existe: el altruismo hace necesaria la hipocresía para poder vivir.
Lo que realmente busca el predicador del altruismo es que usted se sienta indigno, culpable. Le dice que el desinterés propio es el ideal.
Nadie puede lograr este ideal, pues es imposible lograrlo; pero si usted ve que no puede lograr lo que acepta como su ideal, se sentirá culpable, carente de valor.
Entonces obedecerá, pues no puede confiar en sí mismo. Si usted acepta un ideal irracional, inalcanzable, no levantará la cabeza después de fracasar y no descubrirá que el único fin de su “maestro” es que usted viva cabizbajo, lo obedezca y lo alimente muy bien.

Raúl Costales Domínguez
Escritor