Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 1 Mayo, 2013

Si algo logró reanimar la posibilidad de retorno al control legislativo del subgrupo verdiblanco fue justamente el reparto de premios para granjear respaldos


Hablando Claro

Intríngulis

Es más común de lo que nuestra corta memoria nos permite retener, que cada 1° de mayo Cuesta de Moras y Zapote se enfrasquen en múltiples juegos y alianzas coyunturales de todo tipo de cara a la necesidad de mantener el control bajo su mando.
Digo esto que puede resultar obvio porque no se puede perder de vista que así son los juegos de poder aquí, allá y acullá. El resultado de la elección de jefaturas legislativas no solo escribe renglón a renglón las hojas de la historia de la partidocracia, la del gobierno de turno y la de los protagonistas del momento, sino que también refleja nuestras formas colectivas de articular alianzas; canjeando promesas y favores para acceder al poder.
Después de todo la Asamblea Legislativa es un espejo de lo que somos. Incluido lo bueno, lo malo y lo feo. Así que si nos escandalizamos por lo que ahí sucede, es solamente por no querer admitir que en los otros conglomerados del poder social llámense empresa, sindicato, organización gremial, asociaciones vecinales y hasta familias, estamos jugando permanentemente los mismos juegos.
Algunos con maniobras limpias y buenos propósitos. Otros con artificios realmente sucios y bajos, plagados de espurios intereses. Los diputados no vinieron de otro planeta. Son ciudadanos de esta polis.
Lo que sí es posible adelantar, independientemente de los resultados que en teoría a estas alturas ya se habrán terminado de dilucidar, es que esta elección ha dejado al descubierto cuán saludable le resulta al juego democrático que exista oposición en la administración del Congreso al Partido Liberación Nacional, que a estas alturas está tan carcomido por el ejercicio del poder.
En las presidencias de Juan Carlos Mendoza y Víctor Emilio Granados el Congreso dio pasos significativos de ordenamiento administrativo; tanto como para que los diputados que siempre persiguen las pequeñas prebendas añoraran a más no poder los tiempos de los ofrecimientos y las dádivas oficialistas: viajes, nombramientos, uso discrecional de vehículos, etc.
En otras palabras, si algo logró reanimar la posibilidad de retorno al control legislativo del subgrupo verdiblanco fue justamente el reparto de premios para granjear respaldos. Aunque endebles y fugaces. Lo otro, es que quedó de manifiesto una vez más (insisto, más allá del desenlace) la absoluta debilidad en la que gobierna doña Laura Chinchilla. Y de paso, obviamente, la emergencia del poder de Johnny Araya como candidato que habrá de seguir bregando con los seguidores del arismo, reclamando sus cuotas.
Finalmente, no se puede desmerecer, la tarea puntillosa de Luis Gerardo Villanueva para seguir consolidando su pequeño imperioso Cartago que pretende extenderse a futuro en la plataforma de lo que su avidez inagotable de poder avizora como una campaña presidencial. Ahí donde quisiera encontrarse en 2018.
La política es siempre una noticia en desarrollo.

Columnista
Vilma Ibarra