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NACIONALES


Ingobernabili... bla, bla, bla

Natasha Cambronero redaccion@larepublica.net | Miércoles 09 enero, 2013

Después de dos años de debate en la Asamblea sin resolver nada, así como manifestaciones públicas, el tema de la aprobación o no del Tratado de Libre Comercio Centroamérica-Estados Unidos se solucionó mediante un referéndum, celebrado en octubre, 2007. Archivo / La República


ANALISIS
El referéndum es una forma de acabar con la parálisis nacional

Ingobernabili... bla, bla, bla

Proyectos para combatir la ingobernabilidad no pasarían del papel

Para este año, el Gobierno, así como diversos grupos y figuras políticas, buscan plasmar soluciones al problema de la ingobernabilidad, ese entrabamiento que no permite que las obras del Estado a menudo se realicen.

Sin embargo, lo más probable es que la buena voluntad no sea suficiente, para resolver el problema.
Mientras tanto, una opción para lidiar con la parálisis sería la del referéndum, mediante la cual el pueblo soberano, expresara su deseo de forma directa y vinculante.
El referéndum no puede arreglar todo tipo de problema.
Sin embargo, podría ser una figura útil, en muchos casos, como serían los del derecho que tienen los ciudadanos de saber lo que las municipalidades hacen con su dinero, y de elegir directamente a un diputado por el distrito en el cual viven, entre otros.
De hecho, para 2013 hay varias propuestas, que pretenden atacar el problema de la ingobernabilidad.
Entre ellas, están el plan “Vía Costarricense”, del expresidente José María Figueres, y un informe similar del precandidato liberacionista Fernando Berrocal, así como la llamada “Agenda Nacional”, impulsada por un grupo de políticos y exfuncionarios, incluidos Jaime Ordóñez, Helio Fallas, Ennio Rodríguez, Rolando Araya, Elizabeth Fonseca y Rodolfo Silva.
No obstante, para lograr una reforma sustancial en el aparato público, es necesario primero reformar la Sala IV y la Asamblea Legislativa.
Pero, esos cambios requieren como mínimo 38 votos en el Congreso, lo cual es remoto.
Además, un año electoral, tal como será 2013, por lo general ocasiona un letargo aún mayor en el accionar legislativo.
Entre tanto, la presidenta Chinchilla pretende abrir el debate sobre el tema en la segunda quincena de enero, cuando un grupo de notables, al que ella encomendó la tarea de recomendar las soluciones contra la parálisis estatal, presente su informe, que luego ocuparía uno de los primeros lugares de la agenda de sesiones extraordinarias, que el Gobierno manejará hasta el 30 de abril próximo.
Sin embargo, el debate no será sencillo.
De hecho, varios diputados de oposición ya le han reclamado a Víctor Emilio Granados, presidente legislativo, haber pactado ese acuerdo, sin antes haberles consultado.
En estas condiciones, lo más probable es que los proyectos para combatir la ingobernabilidad no pasen del papel.
Una solución para el problema de la ingobernabilidad más bien sería aprovechar el mecanismo del referéndum, mediante el cual el pueblo votaría directamente a favor o en contra de cualquier propuesta.
Este referéndum no podría utilizarse en el caso de algunos asuntos, como presupuestos gubernamentales, tributos, asuntos monetarios, seguridad nacional, contratos con el Gobierno, y préstamos internacionales, según la Ley de Referéndum de 2006.
Tampoco es fácil impulsar una iniciativa de este tipo.
La Asamblea puede convocarla, pero solo con la aprobación de dos terceras partes.
El Ejecutivo puede hacerlo, únicamente con el apoyo unánime de los diputados.
Mientras tanto, cualquier ciudadano puede convocar un referéndum, al reunir un 5% de las firmas del padrón electoral, se trata de no menos de unas 250 mil personas.
No solo esto, el Tribunal Supremo de Elecciones tiene el derecho de determinar, si el tema es aceptable.
Sin embargo, no es imposible aprovechar esta herramienta.
Actualmente, el exdiputado Walter Muñoz está recolectando firmas para un referéndum, que pretende despolitizar la junta directiva de la Caja de Seguro Social.
Costa Rica en 2007 convocó un referéndum —el primero de la historia del país— para determinar si se acoplaba o no al Tratado de Libre Comercio Centroamérica-Estados Unidos, en parte a raíz del apoyo para este mecanismo de parte de LA REPUBLICA, tras dos años de parálisis legislativa acerca del asunto.
Otra ventaja del referéndum es el hecho de que es vinculante, siempre y cuando en la votación participe no menos del 30% del padrón para efectos de leyes ordinarias, y un 40% para asuntos de aprobación de mayoría calificada en la Asamblea.
Varias jurisdicciones utilizan este mecanismo de vez en cuando.
Irlanda el año pasado aprovechó el referéndum, para decidir si se acoplaba al tratado fiscal de la Unión Europea, y España en 2005 lo utilizó para adoptar la Constitución Europea, mientras en la provincia de Quebec, ha habido varios referéndum recientes, sobre la opción de independizarse del resto de Canadá.
En Costa Rica, desde luego, el pueblo es soberano, donde los ciudadanos delegan la autoridad a sus representantes elegidos.
No obstante, cuando los poderes del Estado no pueden actuar, el referéndum sería un forma de asegurar que la voluntad pública sea ejecutada.

Luis Alberto Muñoz
Natasha Cambronero
lmunoz@larepublica.net
ncambronero@larepublica.net





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