Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 25 Marzo, 2015

Tenemos que madurar en el debate si pretendemos ser una democracia madura


Hablando Claro

Independencia

Aquel Presidente espetó que “el problema” era que la periodista “disparaba para todas partes”. No podía comprender por qué unas veces me manifestaba a favor de alguna tesis de gobierno y otro día me distanciaba en otro asunto. Dígale que eso se llama independencia, le respondí al mensajero. Implica que una persona que se atreve a opinar sobre temas nacionales puede coincidir y disentir respecto de las tesis, posturas y decisiones de política pública de un gobierno determinado.
Poco tiempo después, otro destacado político nacional dijo que la periodista era “pagada por el Sí” simplemente porque había decidido libremente, sin ataduras ni condicionamientos de ningún tipo, externar el voto favorable al TLC. Y claro, como los periodistas pueden atacar pero no deben nunca “coincidir”, particularmente en una sociedad como la nuestra acostumbrada a dobleces e hipocresías, no faltaron entonces, como no faltan hoy, acusaciones burdas y malintencionadas que intentan por la vía de la desacreditación personal matar al mensajero y no encarar el mensaje.
Se trata de una debilidad consustancial del debate público en el que frente a la expresión de una tesis o una posición de un tema cualquiera, en vez de elaborar una contraargumentación para rebatir lo externado, se toma la vía de atribuirle a quien opina un perverso interés, generalmente de que hay dinero por debajo.
Esto viene a colación a propósito de nuestra inclinación de siempre de hacer autocrítica del ejercicio periodístico, de ejercer el oficio de la entrevista con un estilo determinado o de externar opinión a favor de una reforma fiscal, por ejemplo, lo cual ha provocado la acusación de ser “progobiernista”. Un pecado en una sociedad que eleva a la altura máxima el acto democrático de elegir gobierno y luego hace de la táctica destructiva la tarea obligada de la supuesta y mal entendida objetividad.
Tenemos que madurar en el debate si pretendemos ser una democracia madura. Duro con las ideas, suave con las personas, como establece la teoría básica de la negociación. Uno no puede desvelarse por cada exabrupto acusador, pero es necesario alzar la voz para que no sea el amedrentamiento el arma aniquiladora que anule la vocación de debatir públicamente nuestras posiciones.
En lo que a mí respecta, estoy a favor del debate y la eventual adopción de medidas respecto de una reforma tributaria en esta administración, con el mismo ímpetu y convicción con que defendí la reforma de solidaridad tributaria de la Administración de doña Laura Chinchilla.
En su momento fui por eso también señalada como progobiernista y sí, también al igual que ahora, alguna colega se dejó decir que el gobierno me pagaba por mis entrevistas. Algo que por supuesto puedo con la frente muy en alto rebatir hoy, al igual que ayer.
Soy afecta a la concesión de obra pública, apoyo la fertilización in vitro, adhiero con pasión los derechos igualitarios para las personas del mismo sexo, estoy a favor de una reestructuración del sector público, también soy proclive a instaurar la carrera parlamentaria y la modernización de nuestro venido a menos sistema presidencialista. Y tengo un sinfín de posiciones más.
Algunas, dirán algunos de ustedes, terriblemente equivocadas. Pero absolutamente todas, les puedo decir yo, absolutamente libres e independientes.


Vilma Ibarra