Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 12 Septiembre, 2012


Hablando Claro
Fiesta en el Pacífico


Son hechos paradójicos. Como la vida misma. No habían pasado 24 horas tras el terremoto de hoy hace ocho días cuando las tortugas loras tomaron Ostional.
Es un ritual que se repite año con año, en la temporada más intensa de anidación de cientos de miles de quelonios entre setiembre y octubre. Y esta vez, no fue diferente. Pero sí más significativo. Fue como si llegaran a hacer un necesario acompañamiento a los asustados pobladores de nuestro Pacífico Norte.
En esta oportunidad las tortugas se volvieron a congregar en alta mar, se movieron hacia la costa y sin perturbarse por ningún movimiento inusual de la tierra o el agua llegaron a depositar sus huevos. La arribada es un espectáculo sublime que hace parte de los muchos prodigios la sincronización perfecta de la naturaleza.
La lora es la tortuga marina más pequeña y gusta de las agua cálidas del trópico; las mismas aguas que vienen a buscar las ballenas jorobadas un poco más al sur de Guanacaste, en gran parte del Pacífico Central y Sur, desde Jacó hasta el Parque Nacional Marino Ballena.
Ellas también producen un gran espectáculo. Vienen migrando desde el Antártico para parir, especialmente entre agosto y setiembre que es cuando se produce el pico más alto de avistamientos. Muy cerca de nuestras playas, en aguas poco profundas enseñan a los ballenatos a respirar, a comer y a defenderse hasta poder reiniciar el largo camino que las llevará luego aguas arriba.
Dicen quienes conocen del tema que ya solo quedan 18 mil ballenas jorobadas en los mares del mundo, tras tanto asedio del hombre. Y dicen también que se calcula que el 5% de ellas son ticas. Es decir, nacidas en nuestro Pacífico.
La esperanzadora arribada de loras terminó pues es una actividad intensa y rápida. La estancia de las ballenas jorobadas, mientras tanto, tardará unas semanas más. En este momento es ideal ir a verlas pues como las crías son pequeñas deben salir a respirar cada cuatro o seis minutos a lo sumo y eso significa que madre y cachalote se dejarán ver con frecuencia asombrosa. Si se tiene suerte, también se observarán manadas de delfines manchados haciendo delicias y piruetas en las aguas. Muchísimo mejor por supuesto que en cautiverio.
Una experiencia hermosa muy cerca de nosotros. Toda una fiesta de la creación en el Pacífico que necesita hoy más que nunca de nuestra apuesta por el turismo sostenible que genera dividendos económicos y sociales; además de solidario acompañamiento. Como el de las tortugas loras en Ostional.
Así que no debemos tener temor. La vida continúa. Las rutas de acceso están en buen estado. La gente de Guanacaste y Puntarenas nos necesita. Es la temporada más baja del turismo en todo el año y por tanto la de mejores precios. ¡Es tiempo de salir de la ciudad!

Vilma Ibarra