Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 10 Abril, 2015

Nuestros próceres  merecen que los ciudadanos de hoy los honremos haciendo de este país un lugar como ellos lo soñaron y como las nuevas generaciones lo anhelan 


1856 por siempre

La efemérides patria más importante de nuestro calendario cívico se celebra mañana en conmemoración de la heroica Batalla de Rivas. Allí se firmó con sangre de patriotas nuestra auténtica acta de independencia. Nuestro pueblo fue protagonista de esa homérica gesta; pero tenía un líder superior al frente suyo, el presidente Juan Rafael Mora Porras, quien tenía a su lado a su hermano y a su cuñado, próceres como él.
El 15 de setiembre de 1821 obtuvimos los costarricenses la libertad del dominio imperial español por formar parte de la Capitanía General con sede en Guatemala; fue Centroamérica como un todo la que se independizó. No tuvimos ni arte ni parte en esta trascendental e histórica decisión; no hicimos más que aceptarla.
Pero la Guerra de 1856 fue una libérrima decisión nuestra. Desde muy temprano nuestro patriótico gobierno fue el más lúcido y más inclaudicable, en un entorno centroamericano cuyos políticos estaban confrontados entre liberales y conservadores. D. Juanito, el Padre de la Patria, demostró ser un estadista muy por encima de los demás al lograr convencer a nuestros hermanos de la región que había que superar las discordias domésticas y unir voluntades y recursos para enfrentar al poderoso enemigo común, que venía del Norte, aclamado por masas enardecidas y aupado por los gobiernos de Pierce y Buchanan.
D. Juanito, sin embargo, no pudo hacer la unanimidad en su propio país. Peor aún, la hostilidad de sus adversarios no se satisfizo sino hasta lograr asesinarlo, como ya había pasado con Carrillo.
En el siglo XX no fueron asesinados ninguno de los prohombres que forjaron el Estado Social de Derecho, nuestro mayor logro histórico, pero todos fueron desterrados o, al menos, aislados dentro de su propio país.
Sufrieron destierro Alfredo González Flores, José Figueres Ferrer, Rafael Ángel Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde, Carmen Lyra. Sufrieron marginación dentro de su propio país Jorge Volio y Mons. Sanabria (al final de su vida). Pero hoy todos son Beneméritos de la Patria.
Ellos escribieron las mejores páginas de nuestra historia patria. A ellos debemos lo mejor de lo que hoy somos. Su herencia es el mayor tesoro, por lo que debemos conservarla y trasmitirla íntegra e enriquecida a las nuevas generaciones.
No hagamos de este 11 de abril, como a veces da la impresión, tan solo un vistoso pero vacuo desfile de bastoneras. La memoria de los héroes de la Batalla de Rivas se merece algo más que una frívola pasarela.
En la dramática encrucijada en la que nos vemos abocados, el volver a nuestras raíces y encontrar allí el ímpetu patriótico que nos impulse a asumir los retos de los tiempos actuales, debe ser el espíritu que anime estas celebraciones. Nuestros próceres merecen que los ciudadanos de hoy los honremos con el compromiso de hacer de este país un lugar como ellos lo soñaron y como las nuevas generaciones lo anhelan.

Arnoldo Mora