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127 Horas: el hombre que se atrapó a sí mismo

Redacción La República [email protected] | Martes 08 febrero, 2011



127 Horas: el hombre que se atrapó a sí mismo

Colmado de premios gracias a “Slumdog Millionaire”, el realizador británico Danny Boyle vuelve a demostrar su alergia a lo previsible al rodar “127 horas”, una excelente combinación de reflexión sobre la individualidad y adrenalina sustentada en la enérgica actuación de James Franco.
La historia real en la que se basa este filme, la de un excursionista que, atrapado en un cañón de Utah tuvo que amputarse el brazo para sobrevivir, podría haber dado a Boyle la oportunidad de hacer un brillante ejercicio de estilo.
Las “127 horas” son las que tardará en liberarse de la roca y, por tanto, Boyle construye la historia de tan inteligente manera que durante hora y media da bandazos al espectador hasta forzarle a vivir esa amputación como una verdadera victoria.
Pero entre la tensión, la angustia y el reto narrativo, Boyle sorprende por una filosofía inesperada que le ha hecho merecedor de seis nominaciones al Oscar con este nuevo filme.
En tiempos del clamor por las libertades, de reivindicación de lo individual, el director de “Trainspotting”, sin asomarse en ningún momento al discurso conservador, hace todo un alegato del sentimiento compartido, de la empatía y los lazos humanos.
Y es que Aron Ralston, como luego escribió en el infernal pero revelador relato de su odisea, se encontró a sí mismo y reinventó, entonces, la palabra libertad.
Esa autenticidad del discurso contrasta y, curiosamente, se refuerza con el artificioso pero brillante manejo de la cámara que despliega el realizador británico, quien sabe orquestar su película con una vibrante banda sonora y se la juega a una sola carta que resulta ser un verdadero as: James Franco.
El intérprete capta a la perfección la evolución de su personaje: desde el egoísta y díscolo aventurero hasta el iluminado, pasando por el hombre desbordado por la impotencia y absolutamente bloqueado por el dolor.
Su nominación al Oscar está más que justificada, puesto que si la película no decae en ningún momento es gracias a su romance con la cámara en la amplia variedad de registros que maneja.

Madrid / EFE