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Martes 1 Abril, 2008

Calidad académica y cultura universitaria


Quienes hemos tenido la rica experiencia de transitar por los diversos ámbitos de la academia, en la constante búsqueda, producción y transformación del conocimiento, consideramos que hacer universidad es correr en pos de un sueño: sí, es perseguir el sueño de una universidad modelo por su alta calidad académica; es en consecuencia, ofrecer esfuerzo, energía y entusiasmo para asumir el reto de construir una mejor Cosa Rica.
Por ello, la práctica concienzuda de la docencia lleva inevitablemente a indagar las raíces de la problemática que asedia la ruta del conocimiento, los procesos de adquisición, y por ende, la calidad de los profesionales que graduamos.
Siendo tarea fundamental de la Universidad la formación de profesionales, es imperativo repensar las formas de abordar, procesar y transmitir el conocimiento en las prácticas académicas de cada día; al respecto surgen múltiples interrogantes: ¿Abordamos el conocimiento de manera adecuada; atendiendo los procesos que intervienen en su adquisición y aplicación y preparan para la investigación y la utilización de tecnologías de punta? ¿Proporcionamos las herramientas necesarias para desarrollar un espíritu crítico, analítico y creativo, condiciones indispensables para interpretar el entorno y responder a los desafíos de la sociedad actual? ¿Cómo influye el precario conocimiento del lenguaje en el desarrollo de las capacidades intelectuales?
En ese sentido, para fortalecer la formación de profesionales idóneos, es decir, críticos, proactivos, generadores de conocimiento; conscientes de su responsabilidad social, capaces de interpretar adecuadamente la realidad y de actuar en consecuencia, es imprescindible promover el desarrollo humano integral. Una formación integral, más allá del conocimiento específico de una disciplina, requiere una planificación que desde una base humanista, contemple las diversas dimensiones del ser humano: intelectual, psicosocial, política, ética, estética y del movimiento. Que considere igualmente, con la oportuna y pertinente incorporación de las nuevas tecnologías, la vital importancia del desarrollo de la creatividad en general. Desarrollar y potenciar al máximo tanto las capacidades intelectuales como el espíritu crítico e investigativo, requiere una propuesta sistémica y articulada que atienda cuidadosamente un proceso de formación profesional integral cualitativamente superior.
Hablar de calidad académica implica reflexionar sobre la función primordial de la universidad: la búsqueda, generación y transformación del conocimiento y su transformación en “saber hacer”. Pero también sobre la finalidad de la transmisión conocimiento, cual es, contribuir a que las personas asuman sus deberes y derechos y actúen en consecuencia para mejorar su calidad de vida, como expresión de desarrollo.
La calidad académica debe ser el factor fundamental que impulse y guíe la acción universitaria. Así, la preocupación por alcanzar niveles cualitativos superiores se constituye en piedra angular de una nueva cultura universitaria, entendida esta como una forma particular de hacer, actuar y resolver problemas, sustentada en los principios arriba señalados. De esta manera, los alumnos entenderán que en la vida estudiantil participan en un proceso de realización de una sociedad más justa. Por lo tanto, la microcultura universitaria, en todas y cada una de sus prácticas, debe ser una vivencia de ello.
Para lograr una transformación significativa acorde con las necesidades de la sociedad se requiere mantener y perfeccionar las fortalezas consolidadas; pero sobre todo, “atender las oportunidades de mejorar”; ver en la coyuntura actual una oportunidad para repensar la universidad, restaurar su imagen ante la sociedad y, en fin, definir las bases que le permitirán constituir un modelo de educación estatal superior y una opción democrática atractiva para el estudiante.
Desde esa perspectiva, urge también mejorar las oportunidades reales de acceso a la educación superior por lo que cabe entonces preguntarse: ¿Hasta qué punto se consideran las condiciones socioeconómicas para implementar una formación democratizadora? Y por otra parte: ¿La oferta académica actual considera efectivamente la posibilidad real de inserción laboral de los nuevos profesionales?
Es tiempo de dar ese salto cualitativo y, desde una visión sistémica proponerse mejorar no solamente la calidad académica en todos los ámbitos, sino también renovar la oferta académica de acuerdo con las necesidades de la sociedad costarricense actual.

Dra. Alma Rosa Aguilar
Catedrática
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