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Sábado, 19 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


¡Y los sindicatos dijeron no al diálogo!

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 05 octubre, 2018


Sinceramente

¡Y los sindicatos dijeron no al diálogo!

La vía costarricense ha sido siempre conversar. El diálogo y la confrontación de argumentos y de ideas ha sido desde los años 30 el espíritu de la resolución de los desencuentros entre los trabajadores y el gobierno, nunca la violencia. Lejos de disolver las huelgas con el ejército, don Ricardo Jiménez Oreamuno envió un telegrama a don Manuel Mora Valverde durante la gran huelga bananera en 1936. Don Manuel respondió el telegrama y de la confrontación directa en violencia se pasó a la negociación dura en una mesa de diálogo. En lugar de intercambiar balazos, se cruzaron cartas y luego propuestas razonables.

Falta nos hace don Manuel Mora Valverde, figura extraordinaria de nuestro país. Un gigante de civismo, aunque sus ideas fueran marxista-leninistas y contrarias a la democracia liberal que vivimos y el sistema social de mercado. Nunca dejó de ser costarricense ni de llevar en su espíritu los valores aprendidos en escuela, colegio y en la Facultad de Derecho donde cursó su carrera. Pequeños son los dirigentes actuales, muy pequeños. Lejos de aprovechar la presencia de un gran Presidente de la República lo insultan y lo descalifican. Lejos de negociar y exponer con seriedad sus tesis gritan en las calles y lo agreden.

La vía costarricense ha sido desde entonces la del diálogo, hasta ahora que los sindicatos rompieron el mismo. Me parece muy contraproducente que ese diálogo se haya roto. Un diálogo no es ni nunca será una conversación donde una de las partes dice que quiere para que la otra acceda. Un diálogo nunca ha sido ni será una imposición de los quejosos. Un diálogo es comprender los argumentos y razones y buscar de la contraparte un acomodo cediendo en algo para que los otros hagan lo propio. ¡Ni eso llegaron los dirigentes a comprender!

Mala consejera es la arrogancia y el espíritu de despotismo. Mala es la desinformación difundida. El país ha pedido mucho comenzando por la veracidad y el espíritu de corrección. El gobierno ha sido paciente y ha sido tolerante. Respeto, sensatez y prudencia gubernamental han configurado un panorama en el cual si uno no quiere dos no pelean. Este nuevo estilo de lidiar con los sindicatos en las calles ha descontrolado el discurso sindical y sus acciones.

Mi instancia hoy es volver a conversar, es volver a presentar con realismo propuestas que puedan mejorar el proyecto de fortalecimiento de las finanzas públicas. Abandonar el diálogo parece que señala el fin de una salida razonada y cívica. Agredir al Presidente en la calle pareciera que puede sellar el fin de toda posibilidad de sentarse a conversar.

Esta semana al salir con su esposa del Teatro Nacional el señor Presidente de Costa Rica tuvo que enfrentar un grupo de agresores que le gritaban improperios, le agredieron de palabra y de hecho. Eran pocos los malcriados. Don Carlos con una gran dignidad caminó con la ayuda de dos guardaespaldas y unos pocos policías municipales hasta abordar su vehículo. ¡Qué gran lección cívica! ¡Qué gran recordatorio a los costarricenses, que en un país de paz el presidente puede caminar por donde cualquier ciudadano lo hace, en paz y con el respeto de sus conciudadanos. ¡Qué gran Presidente!

Casi todos los argumentos esgrimidos por los manifestantes y en las protestas sindicalistas se han terminado por caer. Lo que no se ha caído ni se caerá es la voluntad expresa de corregir para el futuro los mecanismos que se constituyeron en los disparadores del gasto e hicieron insostenibles los mismos.

Desde acá llamo a los trabajadores y a sus dirigentes a recordar la vía costarricense de resolver nuestras discrepancias. Desde acá llamo a deponer esta protesta política y a buscar construir juntos el país. Desde acá le envío a don Carlos Alvarado las expresiones de mi solidaridad en el manejo de esta crisis. A trabajar y a entendernos se ha dicho.

¡Que viva siempre Costa Rica!







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