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Los partidos políticos prácticamente desaparecen durante tres años, para tener una presencia notoria solo para los procesos electorales


Voz y oídos para las elecciones

Falta muy poco tiempo para que el Tribunal Supremo de Elecciones cierre el periodo en el cual acepta la inscripción de personas para que presten sus servicios como fiscales o miembros de mesa, el próximo 2 de febrero, y desde ya, la mayoría de los partidos políticos acepta que difícilmente lograrán completar sus nóminas para todas las juntas receptoras de votos.
Se trata de unas 26 mil personas que como mínimo prestan sus servicios a los partidos, para que sean su voz y sus oídos durante el proceso electoral.
Ellos tienen una tarea importantísima. Son el primer eslabón en una larga cadena que amarra la transparencia del proceso democrático de unas elecciones. Su presencia garantiza que no se produzcan suspicacias en el manejo de las papeletas y el conteo de los votos, por lo que es indispensable que se pueda garantizar la presencia de personal de los diversos partidos en esos puestos.
Lamentablemente no será así y el Tribunal deberá meter mano a colaboradores externos, una medida de emergencia que si bien paliará la situación, no resuelve el problema de fondo: la apatía de los ciudadanos a tomar parte en la fiesta electoral.
Ya lo decía con buen tino el último Informe Estado de la Nación. Los partidos políticos prácticamente desaparecen durante tres años, para tener una presencia notoria solo para los procesos electorales.
Eso está mal. Los partidos deberían encontrar el mecanismo para convertirse en actores proactivos del país durante los cuatro años, de modo que no solo no se invisibilicen, sino que también mantengan cautivo el interés de los costarricenses por tomar parte en todos los procesos.
El notorio desencanto hacia los partidos se hace evidente hoy en la participación de la gente como miembros de mesa. Hubo una época en que las juntas tenían hasta seis o siete personas de diferentes partidos, pero hoy, si el Tribunal no acude a su gente, hasta se corre el riesgo de que alguna junta receptora no pueda abrir.
Es tarea irrenunciable de los propios partidos el recuperar el encanto de las personas, de lo contrario, son ellos mismos los que sufrirán las consecuencias; no solo en el alto abstencionismo, sino también con la imposibilidad de garantizar que todo se haga en forma adecuada durante el Día E.


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