Sentarse a la mesa del restaurante Chancay, ya sea en su local de Escazú o en San Pedro, es abrir la puerta a un viaje por el Perú a través de su gastronomía.

La aventura de este establecimiento comenzó 15 años atrás. Desde entonces su meta es que sin importar cuál sea el plato, este refleje originalidad pero ante todo el sabor y sazón propios de la cocina peruana.

Jorge Figueroa, socio del restaurante, tiene metas claras, como emplear ingredientes de primera calidad y muy frescos. También considera importante que la relación precio-producto sea buena, para que los clientes vuelvan.

“Uno de los certificados de calidad que tenemos es que en nuestra cocina contamos con chefs peruanos preparando los platillos. Eso nos permite mantener el verdadero sabor tradicional y así nos lo hacen saber clientes que fueron de viaje al Perú y al regresar nos cuentan que nuestro sabor es el mismo que probaron”, dijo Figueroa.

En el menú hay platos inspirados en la cocina de la sierra, de la costa y la selva. En una visita se pueden degustar varios de ellos.

Una buena manera de hacerlo es con una entrada del ceviche. El más cotizado del lugar es el mixto, con una mezcla de pescado, camarones y pulpo. No hay misterio, según Figueroa, un buen ceviche es el resultado de productos frescos del mar, un buen limón y cebolla morada.

Para dar un giro de 180 grados está el lomo salteado, plato bandera de la cocina del Perú. Esta receta es un claro reflejo de la influencia asiática en la nación del sur. Ellos emplean un wok a una alta temperatura en el que cocinan la carne con el tomate, el chile y la cebolla.

“Preparar este platillo al wok podría parecer sencillo, pero no lo es porque hay que conocer muy bien los tiempos de cocción para darle a la carne el punto ideal. Luego se acompaña de la manera tradicional con arroz y papas fritas no procesadas o congeladas”, agregó el empresario.

Quienes buscan siempre la bebida ideal, en Chancay descubrirán otro tesoro: los vinos peruanos que van muy bien con la carta.

La visita al lugar puede tener un dulce punto final con el suspiro limeño, una receta casera de la madre de Figueroa. Es tal su fama que hay clientes que pasan ocasionalmente solo para pedirlo para llevar y complacer algún antojo en casa.

 

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