Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 6 Abril, 2011


Pizarrón
Venezuela y Costa Rica


En Venezuela la oposición política por decisión estúpida, tonta y ciega no participó en las elecciones legislativas a la Asamblea Nacional en 2005. Pretendía demostrar que se vivía una dictadura, palabras dichas por un alto dirigente socialdemócrata. Estúpida por torpe para comprender la realidad política. Tonta por la falta de entendimiento y razón que mostraba. Ciega por la pasión que no le permitía conocer y reflexionar su realidad privándose de verla tal cual es, generándole gran ofuscación.
Así, el presidente Hugo Chávez con sus aliados ganó el 100% de los diputados, lo que le permitió gobernar ampliamente, hasta la elección de diputados de setiembre último en que la oposición logró tener una representación política que el Presidente con inteligencia ha reconocido, en su primera comparecencia ante el Congreso, llamándoles contrincantes y no enemigos políticos.
Desde el punto de vista electoral la sociedad venezolana es superdemocrática y participativa si por esta razón medimos y valoramos la democracia. Más de una docena de procesos electorales desde 1999 con altos grados de participación consolidan su V República. Elecciones para presidente, gobernadores, alcaldes y otros funcionarios de elección popular, referéndums para la nueva Constitución, para su modificación, de revocatoria de mandato presidencial son algunas de estas expresiones.
Un referéndum lo perdió el presidente Chávez y el último proceso legislativo, donde la oposición de nuevo llegó a elegir diputados, lo pierde por el número total de votantes y no por la forma proporcional del resultado de su elección.
En Venezuela hay en el Registro electoral, según me informaron en una ocasión, 830 partidos políticos, con una población nacional cercana a los 28 millones de habitantes y con 17 millones de electores.
En la última elección de alcaldes y gobernadores participaron 220 partidos, el del Chávez unido y único, con una docena de partidos que acuerpaban su proyecto político contra una oposición fragmentada en más de 200 partidos, haciendo que muchos de sus candidatos perdieran por escaso número de votos.
Costa Rica no dista mucho de esta realidad. A diferencia aquí no ha habido una renuncia a participar en procesos electorales y permitir que un partido gane exclusivamente las elecciones, con la fuerza institucional que ello genera. Los abstencionistas aquí no renuncian a participar, tan solo se niegan a emitir su voto aceptando pasivamente al que gane con quien se identifican en la práctica.
Hay en Costa Rica casi 50 partidos nacionales, provinciales y cantonales. En la lucha por el gobierno los provinciales y cantonales no cuentan, al menos hasta hoy, pues se concentran en sus diputados y regidores y dejan en libertad de votar por el candidato presidencial a sus simpatizantes, que lo hacen por el que tiene más oportunidad de triunfo, por lo que puede depararles.
La lucha se centra en los que tienen candidatos presidenciales. Y estos en cierta forma sobran. Los hay con y sin partidos políticos debidamente inscritos o sin partido del todo. Y al interior de cada partido se mencionan varios postulantes.
En Venezuela, en cada partido los precandidatos dan la lucha por definir su liderazgo, frente al gobierno y la población, pero atendiendo lo propio. En Costa Rica los partidos no atienden lo propio y se preocupan y ocupan casi únicamente del Partido Liberación Nacional que estiman líder, con su candidato Rodrigo Arias y su gobierno.

Vladimir de la Cruz