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Sábado 16 Noviembre, 2013

Me pregunto si no valdría la pena pagar un poco más por un filete de vaca orgánica, es decir, más orgánica que las otras. Que haya pastado a sus anchas y dormido tranquila entre sus iguales y, llegada la hora, le den una muerte que no nos dejara pasmados


Vacas orgánicas

Frente al letrero de los tomates orgánicos le pregunto al verdulero —medio en broma, medio en serio— “¿Acaso los otros son sintéticos?”
Pero más allá de la mofa, sabemos que con ese apelativo se nos hace saber que el vegetal en cuestión, sea rábano o lechuga, fue cultivado bajo ciertas condiciones, libres de químicos o alguna otra sorpresa postindustrial.
Accedemos a pagar un sobreprecio que el cuidado de esos productos requiere, pues pensamos que serán más beneficiosos (o menos perjudiciales, según las circunstancias) para quienes los comemos.
Es como decir: todos son orgánicos, pero algunos lo son más que otros.
Al llegar a la carnicería los adjetivos son distintos, desde el bistec popular, pasando por la molida especial, hasta el pollo adobado. Pero aquí, pese a serlo, nada es orgánico.
A mí, como a muchos, me ha preocupado alguna vez cómo se produce la carne para consumo humano. Condiciones que no voy a enumerar para no caer (al menos no tanto) en sensiblería, pero que todos conocemos: Inhumanas, podríamos decir, aunque sean animales, pues somos nosotros los que los ponemos —literalmente— en la fila del matadero, sin que parezcan estas razones razonables; rentables sí, pero eso es otra cosa.
Producimos vidas miserables (animales, pero vidas) y muertes de la misma guisa, mas si cada uno tuviera que presenciar como se “produce” su almuerzo, quizá terminaríamos variando sensiblemente nuestra dieta.
Mi problema es el de muchos: el facilismo, e igual a como dicen en una comedia de televisión “quiero ser vegetariano pero amo la carne”. Podrá ser incivilizado para algunos, un paliativo para la conciencia, pero es la realidad.
Así que, de vuelta en la carnicería, me pregunto si no valdría la pena pagar un poco más por un filete de vaca orgánica, es decir, más orgánica que las otras. Que haya pastado a sus anchas y dormido tranquila entre sus iguales y, llegada la hora, le den una muerte que no nos dejara pasmados si de humanos se tratase.
Quizá le parezca absurdo o algo loco, pero si investiga verá que ya hay algunas iniciativas de este tipo.
Si a usted le parece viable y tiene cómo, hágale números, que a mí no me resultaría tener ganado en mi patio de dos por cuatro.
Y si le sale rentable el negocio, me invita una noche la cena y me cuenta, eso sí, que sea orgánica.

Rafael León Hernández

Psicólogo