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El nuevo esquema de titularización facilitaría la participación de los bancos privados y de los entes internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo

Una lluvia de esperanza

Ante la necesidad del país de ponerse al día en materia de infraestructura, las instituciones públicas necesitadas de recursos para construirla, los inversionistas y el sector productivo involucrado podrían sentirse más cercanos a la ansiada solución, por la vía del cambio de esquema actual de fideicomiso para desarrollo de obra pública.
El proceso es largo pero valdría la pena la espera si al final, ojalá este mismo año, concluyera con un nuevo esquema que incluya una normativa flexible, que establezca el suficiente control y a la vez genere un clima de sana competencia.
Podría de este modo convertirse en realidad la lluvia de dinero para nuevas y muy necesarias obras, mencionada en un reportaje de este medio la semana pasada.
No olvidemos que pueden estar pendientes de esto obras tan relevantes no solo para el sector productivo sino para todos los costarricenses en general, como la rehabilitación de 80 puentes en diferentes lugares del país y el alcantarillado metropolitano, entre otras.
El nuevo esquema facilitaría la participación de los bancos privados y de los entes internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, con lo cual podrían aparecer los recursos necesarios para llevar a cabo esas obras.
Pese a que la titularización es un recurso muy utilizado en otros países de la región para construir obra pública, Costa Rica no ha echado mano de él casi hasta ahora.
Sin embargo, pareciera que la oportunidad se dará finalmente y dependerá del interés y la rapidez con que se siga el proceso, que este concluya rápidamente y, sobre todo, que opere después sin inconvenientes, de un modo eficiente y transparente.
El proyecto avanza y no pareciera que nada obstaculice su aprobación. No se trata de uno de esos difíciles pasos por la Asamblea Legislativa, sino de una tramitación que se lleva a cabo en estos momentos en entes dispuestos a conducirla a buen final.
Una luz de esperanza, sin duda, para las obras que tanto se requieren y para la reactivación misma que se produzca a partir de los trabajos.


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