Logo La República

Domingo, 16 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Un alto a la retórica

| Martes 08 julio, 2008



Un alto a la retórica


El arte del buen hablar, de pronunciar discursos y emitir mensajes de forma adornada, abrasadora y muchas veces convincente, es una práctica que dominan a la perfección muchos de los líderes políticos mundiales, y los latinoamericanos no son la excepción.
Hoy, los presidentes del G8, el grupo de países más poderosos del mundo, se encontrarán nuevamente en una cita en Japón en la cual tratarán —como en todas las anteriores— de proponer soluciones a los problemas de desigualdad, pobreza, estancamiento económico y cuantos males atraviesa el planeta.
Esta, sin embargo, será una cita con un ingrediente adicional, distinto al de años anteriores. Brasil y México se sentarán a la misma mesa para analizar propuestas ambientales, de ahorro de energía y de uso de biocombustibles, ante la creciente preocupación mundial debido a la escalada de los precios del crudo.
Uno de los principales planteamientos será el que se hará a las potencias para que transfieran a los países menos avanzados, la tecnología necesaria para desarrollar alternativas energéticas a los hidrocarburos.
Sin embargo, este, junto con cualquier otro planteamiento que surja de la reunión, debe ser tomado realmente en cuenta.
La historia de las cumbres y de muchas citas políticas internacionales nos demuestra que la retórica de los discursos a veces es más poderosa que las mismas intenciones de ejecutar en realidad las ideas.
Costa Rica, y la región centroamericana, han formado parte de tristes ejemplos. El más reciente fue el ocurrido con el ya enterrado Plan Puebla Panamá, el cual fue centro de esperanzas para la ejecución de proyectos de desarrollo, pero que después de muchos años terminó siendo solamente tinta gastada sobre mucho papel.
Ante ello, es necesario exigir un alto en la retórica de quienes ostentan el poder, para que las soluciones adecuadas a los problemas de los latinoamericanos de verdad se produzcan.
Los problemas de desigualdad, de pobreza, de falta de alimentos y de aumento en los combustibles no son aspectos que se resolverán con discursos o con mensajes elocuentes. Hace falta enrollarse las mangas y meter mano al trabajo, si es que de verdad la intención de estos encuentros es la solución de problemas y no la simple construcción de imágenes en público.