Humberto Pacheco

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Martes 16 Octubre, 2007

Trotando mundos

Humberto Pacheco

El reciente Referendo acentuó la marcada diferencia entre Costa Rica y otros países de América Latina en lo que al respeto al sufragio se refiere. El margen que se dio de nuevo entre dos campos que se podría identificar con los de la pasada campaña política, nos obliga a reflexionar sobre nuestra visión de país, y al Presidente a un serio acercamiento con las fuerzas de oposición para buscar lo más parecido a un consenso.
La impresión que albergamos de que, de ser la situación a la inversa, nuestro pensamiento no sería tomado en cuenta, se basa en hechos reales acontecidos durante el proceso en los que el odio por lo que es el emprendimiento privado se hizo evidente en expresiones muy agresivas cargadas de una seria connotación clasista. Pero eso no debe alentar revanchas. Esa tendencia, emanada de las izquierdas comunistas de Latinoamérica y no del ser costarricense, parece haber tomado algún arraigo en nuestro país con la venida de unos extranjeros no muy deseables.
Sin pretender pasar por analistas políticos, nos gustaría compartir las vivencias que sacamos de este proceso. Resulta difícil aceptar que las estúpidas recomendaciones de dos impúberes desubicados, a los que les quedó grande el calzón, instando al Presidente a delinquir para apoyar la campaña del Sí, fueran la causa del estrecho resultado. No obstante, a pulso diríamos que se llevaron por ahí de un cinco por ciento del electorado, irritado por semejante barbaridad. No procede perder el tiempo elucubrando sobre el tema excepto para decir que esos jovencitos no entendieron jamás de que se trataba el TLC, ni que no necesitaba de ese tipo de ayudas. Les faltó visión para distinguir sus méritos y los del electorado costarricense que sí supo apreciarlos.
Habíamos pensado que sí ganaba el No el país no podría quedarse sin tratado con los Estados Unidos, el más importante mercado de Costa Rica, y que el Presidente Arias tendría que darle poderes plenipotenciarios a don Ottón Solís para que fuera a negociar el tratado que él dice es factible. Esto a contrapelo de lo que creemos quienes por treinta y pico de años hemos sido parte de la Cámara Costarricense-Norteamericana de Comercio y hemos padecido muy de cerca décadas de negociaciones comerciales con ese país; y de lo que han expresado reiteradas veces las autoridades norteamericanas actuales y afirmado los Demócratas en sus promesas de gobierno futuro, cada vez más evidente.
El proceso nos deja tres grupos en la militancia del No: uno en que se encuentran los costarricenses que no comparten nuestros ideales de país capitalista, y los que compartiéndolo, sintieron que el documento negociado no llenaba los requisitos legales; ambos muy respetables. Un segundo que agrupa a los costarricenses que fueron engañados por una campaña que atemorizó con falacias a los grupos humildes de nuestra sociedad, la que personalmente vimos como afectó a muchos de nuestros amigos sencillos. Y en última instancia a los dirigentes políticos, movidos por sus intereses personales que en la extrema izquierda costarricense siempre han sido encontrados, pero que no tuvieron problema en amalgamarse bajo el apoyo de fuerzas dictatoriales extranjeras: el fin les justificó los medios.
El segundo grupo nos interesa de sobremanera y es por respeto a ellos que el Presidente debe emprender una campaña intensa, visitando todos los ámbitos del país para escucharlos, y para explicarles personalmente que con el TLC no habrá tal cataclismo y que más bien le conviene tanto al país como a ellos mismos. El no haber podido llegarles con ese mensaje durante la campaña del Referendo lo compromete, ya que a fin de cuentas lo que buscamos por sobre todo es paz y beneficio social para Costa Rica, y una marcada mejoría para las clases marginadas de nuestra sociedad.
Esa sigue siendo mi visión de país.

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