Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 6 Agosto, 2010


¿Todos los gatos son negros?


Hemos escuchado hasta la saciedad aquello de que: “nadie es irremplazable” o “nadie es indispensable”, especialmente cuando la persona que sale se ha desempeñado con excelencia. Es una manera de atenuar el golpe, de no preocuparse por la pérdida. Así ocurre cuando se va un buen ministro; o trasladan al cura de la parroquia que vive con pasión su apostolado; o se va un fiscal general, un presidente ejecutivo, un director de colegio o un gerente, todos de cinco estrellas. Este popular dicho nos dice que cambiar a estas personas es como cambiar clavos ¡Qué error!
Cuando se le pregunta a Bill Gates cuál es el elemento clave para construir una gran organización, no lo duda: seleccione a la mejor gente. El no descubrió este principio, simplemente lo vive. Todos hemos vivido esa realidad en nuestros propios y reducidos ámbitos. Es la gente la que hace la diferencia.
Duele cuando un alto funcionario público concluye una gestión exitosa y lo reemplaza alguien que no sabe ni por donde empezar. Es como meter un tractor en una joyería. Es doloroso cuando se le entrega una institución, un juzgado o un hospital a un corrupto o a un inepto, porque el daño es irreparable. Esos son los que con más fuerza insisten en que nadie es irremplazable. El precio que la sociedad paga es enorme.
Hay instituciones, tipo CONAVI o el IDA, que nunca han tenido “la suerte” de tener al frente a alguien con la capacidad requerida para elevarlas un poco. Ahí el dicho de que nadie es indispensable cae como anillo al dedo. Como diría el escritor vienés Stefan Sweig: “a una sombra no se le puede quitar ya ninguna luz”.
¿Recuerdan al creador e impulsor del Conservatorio Castella? Heredó una obra extraordinaria al país, pero cuando Arnoldo Herrera falleció dejó un vacío de tal magnitud que los mediocres aprovecharon para lanzarse a luchar por el poder como si todos los gatos fueran negros. Por cierto, ¿qué será hoy del Castella?
Los deportistas saben lo que es el reemplazo de un director técnico de primera categoría, como los músicos sienten la ausencia de un buen director de orquesta. Los estudiantes saben lo que es reemplazar a un profesor que logra entusiasmarlos con el conocimiento, porque lo viven. El dueño de un restaurante de alta cocina sabe el desastre que puede implicar la salida del chef. En cualquier ámbito los buenos siempre dejan un vacío, que solo puede llenarse por otro de similar o mejor perfil, lo que nunca es fácil.
La historia está llena de ejemplos de personas que hicieron grandes reformas, grandes obras, muchas de las cuales aun nos alumbran, y lo hicieron en una realidad mucho más pobre y limitada. Los encontramos en las empresas, en las comunidades, a veces hasta en la política, haciendo los mejores panes con poca harina.
Esta gente es la que permite el progreso, por eso duele cuando perdemos a alguno y da rabia cuando lo reemplaza un inepto.

Arturo Jofré