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Toda una vida

Leopoldo Barrionuevo [email protected] | Sábado 19 junio, 2010



ELOGIOS
Toda una vida


El próximo jueves 24 se cumple un aniversario más, pero muy representativo, del momento en que Carlos Gardel nació a la inmortalidad en Medellín, a las 3.15 de la tarde, hace nada menos que 75 años, suficiente tiempo como para que sus contemporáneos no lo hayan alcanzado a tratar como persona y unos pocos supervivientes apenas recuerden la realidad de una percepción confusa y esfumada en la niebla borrosa del implacable tiempo.
El solo hecho de haber sido el primer cantante en español del cine sonoro para una Latinoamérica con apenas un medio como la radio que no estaba al alcance de todos, lo elevó a niveles de difusión que solo el cine mundial con la maquinaria de la Paramount pudo brindarle en un tiempo de crisis mundial política, económica y moral, anticipo de la Segunda Gran Guerra mundial.
Gardel no fue el primero, antes llegaron Villoldo, Gobbi, Pizarro, Canaro Arolas, pero fueron su voz y su presencia las que en los años 20 dominaron las carteleras del espectáculo en Europa y Latinoamérica e impusieron el tango en los salones de baile y después en las pantallas cinematográficas con sus inolvidables films de París y Nueva York en los años 30.
Tampoco fue el primero que cantó tangos pero sí el que a partir de 1917, luego de varios años como intérprete de canciones camperas en dúo con José Razzano, a partir de “Mi noche triste”, inventó un modo de cantar el tango que se convirtió con el paso de los años en un auténtico paradigma difícil de romper.
Sin embargo, es desde el punto de vista de Gardel como persona, como amigo, como modelo de hombre derecho, humilde y prototipo del rioplatense del modo que permanece en la memoria de diversos pueblos, primordialmente argentino y uruguayo, honor compartido por la gente sencilla, humilde, experimentada, barrial e indoblegable, el que todos quisimos ser y nos faltó mecate para llegar. Es decir, el mito, el buen hijo, el que no conoció a su padre (y vaya si arrastró ese estigma por la vida), el amigo generoso intérprete de todos sus personajes y desde ya, “el que cada día canta mejor”.
Alguna gente poco avisada cree que esta frase que se repite acerca de Carlitos se debe a los cambios en la tecnología y al pasaje del disco de pasta inicial en su paso hacia el vinil, al elepé, el CD y los MP3 y lo que siga viniendo. Canta mejor porque graba mejor ¡qué tontería! Gardel cada día canta mejor porque en medio de sus 917 canciones y tangos cuando uno lo vuelve a escuchar en la misma composición, descubre nuevos modos de decir, diferentes variantes de melodía que el Hombre reinventa desde la última vez que lo escuchamos, con su magia sin igual.
Gardel no se explica, se disfruta. No es un fenómeno intelectual sino un sentimiento, por tanto, indefinible. Un modo de sentir que no tiene parangón: usted lo inventa, así que si viaja alguna vez a Buenos Aires, no deje de visitarlo en el inmenso Cementerio de la Chacarita, y en la esquina donde cientos de placas y decenas de personas llevan su oración y su plegaria al modelo que tal vez no alcanzó a ser, encienda un cigarrillo para insertarlo entre los dos dedos de su estatua y pite para mantenerlo encendido y habrá cumplido con el rito que lo convierte en gardeliano. Tal vez entonces comprenda por qué hace 75 años que lo lloramos y él nos devuelve desde el bronce su voz renovada, en un día frío de invierno en el que vuelve a escucharse la promesa invariable: “Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvido…”
No pudiste volver a verlo, por eso persisten la pena y el olvido.
Don Leopoldo es Miembro Correspondiente para todo el mundo de la Academia Nacional del Tango de la República Argentina, desde el 31 de octubre de 2008.

Leopoldo Barrionuevo




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