Teoría de juegos


No logro entender el norte de la estrategia de la administración Chinchilla Miranda hacia Nicaragua. Puede ser que parto de un falso supuesto —que existe una estrategia— pero 21 meses después de la invasión a Isla Portillos el 20 de octubre de 2010, resultaría incomprensible que aún estén armando el rompecabezas.
En las relaciones internacionales, y desde la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, han surgido distintas doctrinas o estrategias para administrar una amenaza externa sin recurrir ni al sometimiento o al escalamiento armado. Las más comunes en la actualidad incluyen —por sus nombres en inglés dado que no todas tienen una adecuada traducción a otros idiomas— containment (George A. Kennan), deterrence (Bernard Brodie), preemption (Henry A. Kissinger), y compellence (Thomas C. Schelling). Durante la administración Arias Sánchez, por ejemplo, seguimos una estrategia de contención, aplicando y adaptando las ideas de Kennan al incómodo matrimonio entre Costa Rica y Nicaragua (ver columnas del 19 de diciembre de 2011 y 16 y 30 de enero de 2012).
Más allá del apaciguamiento ilusamente practicado bajo la conducción del entonces ministro René Castro Salazar en los primeros meses de la actual administración, no logro identificar el ADN de la “estrategia” seguida desde entonces hacia Nicaragua. Con la excepción de la demanda interpuesta ante la Corte Internacional de Justicia, cuya defensa probablemente ha sido afectada colateralmente, entre otras (ver columnas del 25 y 26 de noviembre 2010), por la apertura de la llamada ruta 1856 (ver columna del 2 de julio 2012), hemos visto una serie de acciones y declaraciones pírricas o anémicas. Algunos dirán que encasillar la política exterior dentro de una sola doctrina es un asunto más académico que práctico, lo cual admito es parcialmente cierto, pero no si la alternativa es seguir con el potpourri de ocurrencias que hemos visto hasta la fecha.
Dado que la administración parece no anticiparse al arsenal de potenciales opciones y agresiones que Managua tiene (aún) a su favor, como parte del proceso de elaboración de una clara estrategia, el gobierno podría recurrir a la teoría de juegos. Algunos dirán que esos ejercicios matemáticos no tienen utilidad práctica, pero creo que algo revelan sobre las opciones que tiene(n) la(s) contraparte(s) y que explica su vertiginoso desarrollo desde John von Neumann. Aunque imperfecta, dado que está basada en algunas consideraciones que pueden no aplicar al caso en cuestión —actores inteligentes y racionales— estoy convencido de que es mejor que la administración Chinchilla Miranda realice juegos para anticipar las acciones de Nicaragua a seguir jugando con los intereses nacionales.
En una próxima columna abordaré con más detalle la actual situación de equilibrio negativo en el cual se encuentran las partes, y la desventaja que dicho equilibrio le impone a Costa Rica.

Bruno Stagno Ugarte


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