Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 22 Marzo, 2010


Tener una ciudad


Quienes viven en Nueva York no se definen como norteamericanos, antes son neoyorquinos. De igual manera los habitantes de París, Buenos Aires o Madrid —por mencionar algunas ciudades— construyen una identidad cultural relacionada con el espacio que habitan.
Existen los romanos, los limeños, los cariocas pero, ¿existen los josefinos?
Si a mediados del siglo pasado aún estaban habitadas muchas hermosas casas en el centro de la capital, hoy no vive casi nadie y las construcciones han desaparecido o se han transmutado en todo tipo de comercios.
San José pasó de ser un gran pueblón a una urbe sucia y desordenada. No fue concebida como ciudad, se convirtió en una.
Sin habitantes, sin planeamiento, sin organización, abandonada durante décadas, la ciudad fue condenada al desprecio. Todos empezaron a odiarla y a repetir ante cualquier extranjero que no valía la pena ni siquiera asomarse al centro de San José. Nadie quería ser josefino.
Cerca de las zonas habitacionales de los alrededores de la capital empezaron a pulular los centros comerciales. San José se convirtió en un lugar al que solo se iba para realizar trámites incómodos pero inevitables.
Durante casi dos décadas viví y trabajé en el centro. Me “apropié” de lugares de compras y entretención; sé “hablar” en calles y avenidas y sin embargo nunca consideré a San José como MI ciudad.
Desde hace un tiempo han surgido diversas iniciativas públicas, privadas y mixtas que pretenden recuperar la ciudad. Las avenidas y calles peatonales, el embellecimiento de los parques, la futura remodelación de barrios como Escalante y Los Yoses y otros proyectos han mejorado la estética de la capital.
Nada mejor para recuperar la ciudad que llenarla de vida.
Eso fue lo que sucedió el fin de semana trasanterior cuando se celebró la sétima edición del Festival de Verano Transitarte. El Departamento de Servicios Culturales la Municipalidad de San José llenó las calles desde el Parque Nacional hasta el Morazán —pasando por el recientemente recuperado Paseo de los Damas— de espectáculos, actividades recreativas, talleres, venta de artesanías y expresiones culturales.
Era casi imposible transitar por Transitarte debido a la cantidad de gente que —en medio del calor sofocante— disfrutaba de su fin de semana en la ciudad. Familias enteras sí, pero una gran cantidad de jóvenes.
Y es que San José se ha puesto de moda entre los menores de 30 años. Tiendas emblemáticas de diseño urbano, bares de moda, galerías de arte, cafés nocturnos con espectáculos musicales y hasta ciertas cantinas tradicionales son frecuentados por estos nuevos “dueños” de la ciudad.
Si mis contemporáneos fueron los primeros costarricenses en despreciar a San José, una nueva generación quiere quererla, desea vivirla, goza recorriéndola. Es estimulante ver como ellos se están apropiando de la ciudad: los nuevos josefinos. Bienvenidos sean.

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