Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 23 Septiembre, 2010


De cal y de arena
Tan cerca y tan lejos

Doña Laura ante la encrucijada: la pobreza, la inequidad social, la explosión de la delincuencia común y la presencia de las hordas del narcotráfico internacional y del crimen organizado, todo en medio de un Estado esclerótico, con un modelo de gestión económica que atiza preocupantes resultados que a ella parecen desvelar, con partidos sumidos en crisis y sin liderazgos políticos capaces de convocar lo que debería ser otra “campaña nacional”, y con un gabinete plagado de inexperiencia política y de compromisos con adhesiones de distinta ralea. Su discurso a la Nación con motivo de las fiestas patrias del 15 de setiembre es elocuente diagnóstico de la gravedad de la coyuntura en que se halla el país. No obstante, es omiso en el índice de las trascendentales tareas pendientes. Quizá porque está consciente de la fragilidad de su poder político, claramente insuficiente para ejecutar con firmeza y honestidad el golpe de timón que requiere Costa Rica. Por su diagnosis y por los espacios vacíos de su mensaje, cabe pensar que está tan cerca como lejos de evitar la confrontación social que se otea en el horizonte si el país no rectifica el rumbo.
Entrampada entre unos índices de pobreza que no ceden terreno y una acuciante profundización de la inequidad social amarga paradoja en el marco del crecimiento de su actividad económica a Costa Rica le cae el flagelo del narcotráfico que ha hecho de nuestro territorio erial donde la corrupción crece como mala hierba puente para el tránsito de la droga y cuartel para sus operaciones criminales. Triste realidad que empezó a evidenciarse unos cuantos años atrás y que ahora es el eje del discurso de la presidenta Chinchilla en que advierte de las secuelas de la llegada de este flagelo que es lo dijo así “más insidioso” y con medios “prácticamente ilimitados” y “raíces en el territorio nacional”. Tiene claro que “la inequidad y la pobreza son el caldo de cultivo donde se nutren la delincuencia, las drogas y la violencia” y que la mera represión es insuficiente para derrotarles. Su pregón es dramático y altamente preocupante, a pesar de lo cual nos deja en el limbo del qué hacer ante el azote de la delincuencia común y el del crimen organizado, que ni son la misma cosa ni han de enfrentarse con las mismas armas.
¿Quo vadis Laura? ¿Qué hará si la oferta de ayuda internacional es caracterizadamente de represión militar? ¿Qué hará si sus alianzas políticas de conveniencia le impiden allegar en la cuantía y el momento preciso los recursos presupuestarios imprescindibles?
¿Qué hará con el modelo económico impuesto, que ensancha sin piedad la brecha entre los que tienen mucho y los que sufren pavorosas carencias? ¿Qué hará para vencer las resistencias a la rectificación de quienes son apasionados beneficiarios y defensores de ese modelo y que gorronean en su gabinete, en su fracción parlamentaria y en los entes autónomos? Doña Laura ante la encrucijada, nos trae a la memoria la sentencia del dictador mexicano Porfirio Díaz: “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!”.

Alvaro Madrigal