Todos tenemos ese amigo o amiga que es increíble, siempre se ve bien, tiene el cuerpo que quisiéramos ver en el espejo, le sobran enamorados, tiene el trabajo perfecto, la familia organizada de la cual carecemos, parece que las estrellas se alinean todas la noches para que todo le salga como de cuento, y ahí estamos nosotros, odiando nuestro cuerpo, nuestra familia es un desastre, hay más apoyo en una partida de solitario y definitivamente los que parecen alinearse son el gato negro, la escalera y el dispensador de sal.

Es duro admitir que cuando tenemos autoestima baja, vivimos en “negativo mode”, la ropa parece incombinable, la comida nunca sabe rico, el trabajo es una obligación agotadora y sentimos que la gente nos ve como extraterrestres; Vivimos lamentándonos por lo que hacemos o dejamos de hacer y vamos entrenando nuestra mente, sin darnos cuenta, para que toda situación sea recibida y procesada en negativo, incluso un “hoy te ves súper bien” y pensamos “si claro, me lo dice para quedar bien, con esta blusa me voy a ver bien”. Nos hacemos profesionales en apagar nuestra esencia, borramos el rastro de esa increíble producción única que un día fuimos, para solamente respirar, dejar pasar la vida sobre nosotros y ser un simple actor de nuestra propia película.

En algún momento decidimos apagar el privilegio y la responsabilidad de escoger nuestras actitudes, si ESCOGER. Las actitudes y pensamientos no solo “pasan”; son el resultado de cada elección y nos cuesta darnos cuenta que hemos construido patrones de pensamiento, que terminan por generar “respuestas automáticas en negativo”. Pero, ¿Qué pasa cuando interrumpimos esa respuesta y le decimos a la mente “no señora, solo por hoy, no me vas a dominar”?; podría decir, por más ridículo que suene, que comienza la magia, ya que empezamos a tener pequeños cambios de actitud, pequeñas interrupciones al cerebro, que con los días, se vuelven en pensamientos automáticos positivos.

En la publicación anterior hablamos de la dieta del auto-perdón, pues les voy a dar la merienda principal de esa dieta. UN CAMBIO DE ACTITUD. ¿Qué harían diferente hoy, si les dijera que se han perdido lo mejor de sus vidas por estar viviendo en negativo?, Tal vez se perdieron de un puesto de lujo, un viaje, una relación, una amistad, una experiencia, debo decir si, se han perdido una vida, porque al igual que yo, un día decidieron que no valían lo suficiente, que no merecían tanto, que ¿Para qué soñar si nunca lo logran?, que “mejor malo conocido que bueno por conocer”, que “ya me acostumbre a sentirme así” o sencillamente porque la zona de confort, aún negativa, se siente segura y fácil, desafortunadamente en nuestro caso, es más simple seguir viviendo con obesidad y todas sus consecuencias, que aceptar el reto que requiere salir de ella.

John C Maxwell, en su libro “El mapa para alcanzar el éxito”, menciona las siete cualidades que definen a las personas que cuentan con una actitud ganadora: creen en sí mismos, están dispuestos a ver lo mejor en los demás, pueden ver oportunidades dondequiera, se enfocan en las soluciones, desean dar, persistencia y asumen la responsabilidad por sus vidas. Si analizo, hace 4 años cuando vivía “casada” con la obesidad, no veo ninguna de esas cualidades en mi, sin embargo, en esta lucha, concuerdo con el autor al decir que: La característica final de una persona positiva, desde mi punto de  vista la más importante, es la disposición de asumir la responsabilidad de su propia vida y re-entrenar su mente.

Debemos entender que nada positivo ocurre si no estamos dispuestos a asumir plena responsabilidad por nuestros pensamientos y acciones. Solo cuando somos responsables de “mi mismo” podemos vernos con honestidad, evaluar puntos fuertes y puntos débiles para comenzar a cambiar, textualmente del libro “Si lo trata, pronto descubrirá que la mejor mano de ayuda está en el extremo de su propio brazo. Cuando cree en sí mismo, es libre para enfocarse en mejorar y alcanzar su potencial.”

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