¡Soberanía del equipo!
Enviar
¡Soberanía del equipo!

“Un hombre que no se alimenta de sus sueños, envejece pronto”, W. Shakespeare. Todo equipo posee principios, modos de pensar y hasta una ilusión por alcanzar, pues sin ella sus esfuerzos carecen de sentido. No obstante, conviene que sus miembros se cuestionen periódicamente si, en verdad, son soberanos en la selección de sus objetivos, decisiones, acciones y funcionamiento.
Achacar a los demás el motivo de sentimientos negativos o depender de factores externos para fijar estados internos de ánimo, es reconocer que se está claudicando al control propio. Renunciar a los ideales resulta muy oneroso, porque causará un arrepentimiento que se arrastrará por siempre.
Las angustias del pasado y la ansiedad por el futuro, suelen unirse para complicarle la marcha a quienes no son fuertes para defender sus principios y propósitos. En ocasiones las barreras nacen en el propio equipo, de allí que Aristóteles afirmara: “los más valientes no son los que conquistan a sus enemigos sino los que alcanzan sus sueños al vencerse y conquistarse a sí mismos”.
Los equipos soberanos son artífices de su destino y disfrutar la autonomía de perseguir anhelos en los que creen.
Sin soberanía un sueño puede tornarse en una indeseable fantasía. Por eso, aniquilar las sanas ambiciones de un equipo crea un drama que obstaculiza su cohesión y efectividad. Mientras la política, las religiones, las posesiones y otras circunstancias desunen a las personas, un sueño compartido las aglutina con una pasión a veces más allá de lo razonable, siempre que ellas sean las creadoras de dicho ideal.
Un equipo que se adueña de su destino y es firme al defenderlo, será difícil de vencer. En él las conductas individuales cobran sentido, se piensa con altura, y se vuelven pequeños los que antes se llamaban problemas. Todos trabajan al máximo nivel, disuelven o resuelven obstáculos, no anteponen excusas ni escatiman esfuerzos.
La soberanía de pensamientos estimula la creatividad, la innovación y la flexibilidad, sin poner oídos sordos al buen consejo. Cuando la autoestima es sólida los insultos rebotan, el discernimiento es constructivo y el respeto mutuo es estricto.
Ser soberanos equivale a ser pilotos para viajar con libertad, comodidad y sin excesos de equipaje mental hacia las metas. ¿Qué tan soberano es su equipo y cuánto aporta usted con su ejemplo personal de soberanía?

German Retana
[email protected]


Ver comentarios