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No será fácil retomar un camino que ponga a Costa Rica de nuevo como un ejemplo de progreso con calidad de vida. Pero es imperativo hacerlo porque de ello depende en buena medida la robustez de nuestro sistema democrático y nuestra paz social


Sí es posible una ruta inteligente

Soluciones existen. No es fácil, sin embargo, producir los cambios necesarios para lograrlas.
Más allá de la crisis económica, si hubiéramos tenido un proyecto país basado en impulsar el desarrollo de todos los sectores de la sociedad, preparando a la población con visión, capacitación e innovación para aprovechar la apertura comercial, estaríamos viviendo la actual coyuntura de un modo diferente.
Las posibilidades de avanzar de esa forma han estado siempre al alcance de los gobiernos. Pero faltó la seriedad política y el deseo de enfrentar con acierto y firmeza lo que ello implicaba.
En momentos en que se debía desarrollar un plan de gobierno a fin de preparar a toda la población para que estuviera en condiciones de aprovechar al máximo la coyuntura de la globalización, Costa Rica vivía, por el contrario, una seria crisis y fragmentación al interior de sus partidos políticos.
Esto, que se evidenció con claridad durante la pasada campaña política, ha venido produciendo un avance desordenado y hasta caótico en algunos aspectos y una paralización en otros.
No hubo unidad en torno a una idea país, ni un proyecto puesto en marcha para ello que contemplara a todos los sectores de la sociedad y por ende fuera apoyado por esa totalidad.
El resultado de esto es un país que debe hoy intentar el camino correcto en medio de las situaciones negativas generadas por todo lo anterior. Además hay un proceso de evolución y maduración política.
Tenemos rezago en varios aspectos importantes, instituciones públicas que fueron llevadas a la inoperancia y al gasto desmedido o improductivo, retraso en materia de infraestructura, retroceso en salud y seguridad ciudadana, entre otros.
Pero también tenemos una falta de orientación adecuada, con algunas excepciones, en el sistema educativo, para una formación humanista integral de calidad, a la vez que acerque a los estudiantes hacia la nueva realidad científica y tecnológica a fin de estimular vocaciones para las novedosas carreras y sistemas de trabajo que el sector productivo de hoy requiere.
No será fácil retomar un camino que ponga a Costa Rica de nuevo como un ejemplo de progreso con calidad de vida. Pero es imperativo hacerlo porque de ello depende en buena medida la robustez de nuestro sistema democrático y nuestra paz social.
De ello depende que sigamos siendo un país atractivo para invertir y producir, para visitar y conocer, capaz al mismo tiempo de conservar una identidad que ha venido mostrándonos al mundo como gente de paz y cordialidad.
No podemos dejar que pase la oportunidad de hacer todo eso ahora. Pero la responsabilidad es de todos.

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