Segundo tiempo


Recurriendo al símil de un partido de fútbol, podríamos decir que un gobierno se divide en dos tiempos, siendo los dos primeros años el primer tiempo y lo dos últimos el segundo. Ya se ha jugado el primero.
El pasado 1ro. de Mayo se inició el segundo. Cuando se va perdiendo, se cambia de táctica. Eso ha hecho el partido oficial porque, según ellos, su mal desempeño se debe a la “ingobernabilidad”, término un tanto nebuloso que sirve de comodín cuando se quiere ocultar la ineptitud de gobernar. La ”ingobernabilidad” la atribuyen los liberacionistas a que no tienen mayoría en el Congreso lo que, según ellos, se agravó cuando sorpresivamente en el 1ro. de Mayo de 2011 sufrieron un duro golpe al lograr la oposición el control del Directorio y, con ello, la potestad de nombrar las diversas comisiones.
Esta maniobra de alta política ha cambiado el panorama nacional reciente. Por eso calificar de fracaso esa experiencia, es dar muestras de una miopía política que, más que a incapacidad mental, se debe a mala fe.
La mejor prueba de lo dicho es ver los efectos que está teniendo. Un partido pequeño casi sin experiencia y carente de un programa nacional, no estaría hoy presidiendo el Congreso si no fuera por lo acaecido ese 1ro. de Mayo de 2011. El hecho de que ahora la Alianza por Costa Rica se haya resquebrajado no los inhibe de hacer oposición. Si no lo hacen pierden credibilidad y su razón de ser.
El riesgo que corre el PASE es convertirse en una tureca.
Todo lo cual revela que la debilidad de la Alianza se debe a que se depositaron en ella expectativas que rebasaban su capacidad en ese momento. La Alianza se ha resquebrajado porque fue pensada para quitarle a Liberación el control de Congreso; pero el imaginario colectivo vio en esa alianza coyuntural un proyecto político de más largo alcance, como sería formar un frente electoral en vistas a lograr el triunfo en las elecciones de 2014.
Evidentemente era aún prematuro soñar con eso, dadas las diferencias ideológicas, personales (caudillismo) y la trayectoria de cada uno de esos partidos. Una alianza electoral requería más tiempo y madurez, aunque ese primer paso era un salto de calidad.
Todo lo cual demuestra que lo que está pasando en Costa Rica es mucho más grave. Su raíz consiste en la crisis de los partidos políticos que se han convertido en máquinas electoreras incapaces de elaborar un proyecto-nación.
En concreto, Liberación padece de este mal desde hace mucho tiempo. Ya Oduber lo había señalado. Doña Laura sufre de “ingobernabilidad” porque no tiene un partido que sea un instrumento indóneo.
En el inicio del segundo tiempo, la táctica política ha cambiado. Pero lo importante es que el país requiere un cambio de estrategia a más largo plazo. Todavía no hay una respuesta clara a la cuestión fundamental que nuestro pueblo debe afrontar y, esperamos, pueda resolver a tiempo y exitosamente: ¿qué Costa Rica construiremos en el siglo XXI?

Arnoldo Mora

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