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¿Se está protegiendo lo suficiente la economía nacional? (II)

Roberto Dobles [email protected] | Lunes 08 octubre, 2018


¿Se está protegiendo lo suficiente la economía nacional? (II)

Además de la política económica y fiscal, cuyos resultados negativos fueron analizados en la columna anterior, la política energética es otra de las políticas que contiene elementos claves que también están teniendo un efecto de desprotección de la economía nacional. 

Esta situación se da a pesar de que es ampliamente conocido a nivel mundial que “la energía se ha convertido en un factor estratégico en la competencia global”, como bien lo ha señalado McKinsey & Company en su estudio “Energy: a key to competitive advantage”.

El Foro Económico Mundial indica a su vez en un estudio titulado “Energy as a Competitive Advantage” que en el mundo “la economía básica domina las políticas energéticas” y que “hay una tendencia hacia políticas que favorecen la autosuficiencia”, la cual “se aceleró después del año 2000”.

En Costa Rica, “la economía básica” y “la autosuficiencia” no dominan la política energética nacional. Son los dogmas y las ideologías sin sustento técnico, económico y financiero los que la dominan.

Los resultados de esta política muestran que no solamente no se está protegiendo la economía nacional para que pueda crecer más y para que pueda generar bienestar económico y social, sino que más bien se le está debilitando fuertemente debido a los altos costos y a la falta de una transición energética que simultáneamente reduzca los costos y las emisiones al ambiente.

Como lo he señalado en otras columnas, y particularmente en la columna titulada “Competitividad energética: el eslabón perdido de la política económica y social del país”, los temas económicos, incluyendo la competitividad, no han tenido peso en la política energética nacional. Esto ha venido creando importantes desventajas competitivas con respecto a los países con los que competimos en el comercio internacional y en la atracción de inversiones.

Las tarifas eléctricas y los precios de los combustibles derivados de petróleo importados no son competitivos internacionalmente y no existe un plan que le permita al país llegar a tener los niveles de competitividad que tienen otros países con los que competimos. Lo anterior porque la política energética nacional no considera los temas económicos como prioritarios en la vida real.

Basta con ver la cruda realidad. Entre otros actores, dos importantes organizaciones nacionales han venido llamando públicamente la atención sobre este tema:

·    Cámara de Industrias: “En diez años, mientras en Estados Unidos las tarifas eléctricas subieron un 10% y en Europa bajaron un 1 %, en Costa Rica subieron un 94%”. “El industrial debe producir para competir con el mundo y en el mundo, donde las tarifas son mucho más bajas”.

·    CINDE: “En el año 2005, el costo promedio de la energía eléctrica en Costa Rica para consumidores industriales de media tensión fue de 6,2 centavos de dólar por kilovatio hora (kWh). En ese año, nuestro costo era similar al de Estados Unidos y era la mitad del de México; sin embargo, en el 2016, nuestro costo por kWh llegó a ser tres veces más alto que el de Estados Unidos y el doble de México”.

Mientras que en el mundo se están realizando cambios continuos y significativos en la matriz energética para reducir los costos de la energía y las emisiones al ambiente, aquí la matriz energética se encuentra bastante estática y no está evolucionando hacia las fuentes de energía de bajo costo que más están creciendo en el mundo y que más están impulsando la transición energética.

Todos los estudios internacionales, incluyendo el “World Energy Outlook 2017: A World in Transformation” elaborado por la International Energy Agency (IEA) con escenarios al 2040 y el “BP Energy Outlook, 2018 Edition” hecho por BP con escenarios al 2040, muestran clara y contundentemente que la energía solar y el gas natural son las dos fuentes de energía que están liderando la transición y la competitividad energética mundial y que más crecerán en el futuro.

En Costa Rica, se prefiere no impulsar estas dos fuentes de energía claves de muy bajo costo y ambientalmente superiores que, cada una en su campo, están liderando e impulsando en el mundo la reducción de los costos de la energía, la transición energética y la protección y fortalecimiento de las economías.

En su lugar, y contrario a la retórica y a los dogmas que señalan otra cosa diferente, la realidad que muestran los estudios es que no hay cambio o transición relevante en la matriz energética nacional, y mucho menos de bajo costo. 

Por acción, inacción y omisión, aquí se continua desarrollando las fuentes de energía caras y tradicionales, tanto las renovables nacionales como las no renovables importadas (derivados de petróleo), lo cual debilita las capacidades de la economía nacional para desarrollarse. 

Como lo he señalado en otras ocasiones, la realidad en el país muestra lo siguiente con respecto a las dos fuentes de energía que están liderando la reducción de costos y la transición energética en el mundo:

·    Energía solar. La participación de la energía solar en el 2017 en la generación eléctrica fue del 0,02%, lo que representa el 0,0044% en el consumo total de energía del país.

Se prevé que en el futuro la participación de la energía solar no crecerá mucho. El Plan de Expansión de la Generación Eléctrica 2016-2035 estima que la generación eléctrica con energía solar en el 2030 sería apenas del 0,05%, por lo que la participación de esta fuente de energía prevista en ese año sería del 0,011% del suministro total de energía del país. 

·    Gas natural. La política energética descarta introducir el gas natural en el país para sustituir las crecientes importaciones del caro petróleo explorado, producido y refinado en el extranjero.

El gas natural cuesta unas cinco veces menos que los derivados de petróleo, es ambientalmente superior y su producción genera cuantiosas cantidades de recursos fiscales y de divisas. Es también el combustible de mayor crecimiento en el mundo y el que va a desplazar al petróleo de su primer lugar como fuente de energía en esta etapa en que se encuentra la transición energética.

Lo anterior se da a pesar de que los últimos planes nacionales de energía, elaborados sin los estudios técnicos, económicos y financieros rigurosos que se requieren, señalan que se va a impulsar la energía solar y que se va a reducir y eliminar en el futuro el consumo de derivados de petróleo, pero la realidad muestra otra cosa.

El desarrollo de la energía solar es extremadamente bajo y los caros derivados de petróleo importados son la principal fuente de energía del país (representan casi las 2/3 del consumo energético nacional) y la que más rápido crece.

Como lo he señalado en otras columnas, el consumo de derivados de petróleo importados crece a un ritmo muy superior al crecimiento del consumo de las fuentes renovables nacionales y del consumo mundial de petróleo.

Mientras que tenemos una severa crisis fiscal y un creciente endeudamiento del Estado que está hipotecando peligrosamente el futuro de las generaciones actuales y futuras, aquí se prefiere también pagar adicionalmente grandes cantidades de impuestos a otros países por la producción petrolera que se realiza en su territorio para satisfacer nuestro creciente consumo petrolero. Este masivo y continuo pago de impuestos que se hace en otros países crece permanentemente con el crecimiento de nuestras importaciones petroleras.

No solamente la política energética no busca que el Estado costarricense reciba estos impuestos en lugar de pagarlos en otros países, sino que además se prefiere aumentar significativamente los impuestos nacionales, con el agravante de que la propuesta de aumento de impuestos presentada por el Gobierno a la Asamblea Legislativa no resuelve del todo la situación fiscal, por lo que el endeudamiento continuará creciendo y el problema fiscal no será resuelto completamente.

Debido a la alta volatilidad de los precios internacionales de petróleo, la excesiva dependencia petrolera y el rápido crecimiento del consumo petrolero del país, que resultan de la inacción de la política energética en este campo, desprotegen también la economía nacional, ya que aumentan significativamente la vulnerabilidad nacional a factores externos fuera de nuestro control.

Todo esto ocurre a pesar de que se conoce que la energía solar y el gas natural están liderando la transición y la competitividad energética mundial y de que en el país se ha identificado un gran potencial de ambas fuentes de energía. 

Como conclusión, contrario a lo que están haciendo los países exitosos en el mundo, existen varios componentes claves de las políticas públicas nacionales (económica, fiscal y energética) que están generando resultados negativos sobre la economía nacional, ya sea por acción, inacción u omisión.

Estas políticas han venido debilitando y desprotegiendo consistentemente la capacidad de la economía nacional para crecer, generar prosperidad y bienestar, reducir la pobreza y generar suficientes ingresos para el Estado. Y lo peor es que no se quieren cambiar. 

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