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Rice y Gates viajan a Rusia

Funcionarios de la administración Bush intentarán reparar creciente brecha con Moscú

Washington
EFE

Los secretarios de Estado y de Defensa de Estados Unidos, Condoleezza Rice, y Robert Gates, llegaron ayer a Rusia en un momento muy delicado en las relaciones entre los dos países, debido a las diferencias sobre Kosovo, el escudo antimisiles e Irán.
Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se han convertido en un creciente quebradero de cabeza para la administración del presidente George W. Bush, quien en el pasado llegó a tener total confianza tanto en los vínculos con Moscú y como en el mandatario ruso, Vladimir Putin.
Ahora, la agenda de temas a tratar por los dos pesos pesados de la administración Bush en la capital rusa contiene muchos más asuntos conflictivos que posibles acuerdos.
En lo que se refiere a Europa, Rusia y Estados Unidos están enfrentados por la creciente posibilidad que Kosovo se declare independiente de Serbia el próximo 10 de diciembre, algo a lo que Moscú se opone frontalmente pero que Washington ve como un progreso lógico a la situación del territorio, actualmente administrado por la ONU.
Además, el estamento militar ruso sigue inquieto con los planes del Pentágono de situar componentes de su escudo antimisiles en países del antiguo Pacto de Varsovia, algo que Moscú considera innecesario.
Rusia ha llegado a ofrecer a Estados Unidos que utilice una de sus estaciones de radar más poderosas, situada en Azerbaijan, como alternativa a la instalación programada para la República Checa, pero las autoridades estadounidenses han rechazado esta posibilidad y mantienen sus planes.
Además del radar checo, el plan incluye la instalación en Polonia -otro antiguo miembro del difunto Pacto de Varsovia- de una base con proyectiles interceptores.
Para Putin, la situación es tan seria que ha amenazado con retirarse el próximo 12 de diciembre del acuerdo de reducción en Europa de tropas convencionales.
Sobre Irán, Rusia también ha demostrado su desacuerdo con los análisis y estrategias desarrolladas por Estados Unidos y algunos de sus principales aliados occidentales.
Según un artículo del periodista Seymour Hersh publicado recientemente en la revista The New Yorker, la Casa Blanca, presionada por el vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, estaría preparándose para lanzar en los próximos meses un ataque “quirúrgico” contra Irán.
Cheney, los “halcones” de la administración Bush y aliados estadounidenses como Israel, consideran que el régimen iraní está intentando hacerse con armas nucleares y que la única forma de detener este esfuerzo es con un ataque aéreo en masa contra instalaciones y fuerzas estratégicas como la Guardia Revolucionaria.
Pero Putin señaló que aunque Teherán debería ser más transparente sobre sus actividades nucleares, Rusia no tiene “información que diga que Irán está tratando de producir armas nucleares”, por lo que no ve justificado ataque alguno contra el país.
Las crecientes diferencias en política exterior entre Washington y Moscú están acrecentadas por los esfuerzos del Kremlin de recuperar al menos parte del poderío militar de la antigua Unión Soviética.
Una prueba es la reanudación de los vuelos de bombarderos estratégicos rusos, capaces de transportar armas nucleares, en las proximidades del espacio aéreo de Estados Unidos y Europa.
La práctica fue normal durante la Guerra Fría, pero había sido abandonada tras el colapso de la Unión Soviética y la profundización de la crisis económica de Rusia en los años 1990.
Ahora, con el flujo de divisas de las exportaciones de petróleo y otras materias primas, Putin ha relanzado estas misiones, lo que ha provocado inquietud en el estamento militar estadounidense hasta el punto de que, a principios de octubre, el responsable del Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) solicitó que Rusia advierta con antelación sobre estos vuelos para evitar problemas.
Todos estos ingredientes han provocado que los analistas señalen que las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se encuentran en su momento más bajo desde la desaparición de la Unión Soviética. Y lo peor es que, a medio plazo, no hay perspectivas claras de mejoría.


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