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Domingo, 18 de noviembre de 2018



FORO DE LECTORES


Retos pendientes con las niñas y niños

| Martes 09 septiembre, 2014


No nos conmueve ver a una niña de 15 con otra niña en brazos que es su hija


Retos pendientes con las niñas y niños

Cuando yo era niña, celebrábamos el Día del Niño. Hoy, se celebra el Día el Niño y de la Niña. ¿Por qué esa necesidad de evidenciar la diferencia? ¿Hay realmente una diferencia entre niños y niñas? Sí que la hay: estas recibirán menos paga, más violencia en las calles y en las casas, tendrán menos posibilidades de acceder a educación superior y a puestos de poder, etc.
La lista es larga pero en cuanto a la capacidad reproductiva el panorama es bastante simple: como niñas, las mujeres recibimos el peso social para ser madresrr con el alegato de que para realizarnos como mujeres necesitamos ser madres, y nos pintan una imagen en que las mujeres que no optamos por procrearnos o criar somos egoístas.
Al mismo tiempo, se asume con naturalidad que las mujeres que se embarazan se encontrarán en muchos casos solas con la carga de una crianza, con posibilidades de no conseguir trabajo, de ser despedidas por el embarazo o la maternidad o simplemente verán sus posibilidades de acceder a puestos y remuneraciones más altas disminuidas.
Hace poco una publicidad de jugos mostraba una niña jugando a amamantar. Lo que debería tener como reacción corazones encogidos de pena y rabia en las caras resulta siendo algo que no inmuta. No nos inmuta el hecho de que para que una niña se convierta en madre, tenga necesariamente que haber sido víctima de violación como lo indica el código penal al establecer que toda relación con menor de 13 años es una violación y por lo tanto delito. No nos conmueve ver a una niña de 15 con otra niña en brazos que es su hija. Cuando hablamos de embarazos en adolescentes no hablamos únicamente de un problema que debe atender el Estado. Hablamos de cómo nuestras costumbres y tradiciones perpetúan la idealización de la maternidad desde nuestra más temprana infancia neutralizando así cualquier señal de indignación y acción ante estas realidades.
Cuando era niña, mi madre nunca me habló claramente de sexo pero me dijo algo que le he agradecido toda la vida: la que decide soy yo. Esa fue mi experiencia pero no hay que olvidar que la educación para la sexualidad debe de ser provista por el Estado en atención del cumplimiento de los compromisos jurídicos nacionales e internacionales.
Las niñas y los niños son personas. Tienen derechos inalienables que incluyen el de que se les escuche y se les considere en todo lo que les concierne, pero que para que puedan tomar decisiones se conjuga otro derecho, el de tener acceso a educación pública, científica y laica, la cual sin duda alguna incluye el aspecto sexual y reproductivo en todas las etapas de la vida y en consideración de su desarrollo físico y emocional.
Regáleles a las niñas y niños en su vida y su cotidianidad un libro que les expanda el mundo, un rompecabezas que desarrolle su capacidad de resolver problemas, un oso o un conejo de peluche que permita sentir empatía por los animales o unos patines o bicicleta que le permita sentir la libertad y la aventura.
Regálele a esa niña o ese niño libertad.

Larissa Arroyo Navarrete

Abogada