Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Martes 6 Enero, 2015

Las acciones requeridas para tener éxito en estas importantes metas para América requerirán creatividad, paciencia y constancia


Relaciones EE.UU.-Cuba, el inicio de un camino

El anuncio simultáneo de los presidentes Obama y Raúl Castro de una reanudación de relaciones diplomáticas después de más de 50 años, no es la conclusión de un proceso sino un camino que se abre. Un difícil camino para que Cuba pueda encontrar el progreso, la libertad y la vigencia de los derechos humanos. Un camino que puede permitir a EE.UU. mejorar sus relaciones interamericanas. Un camino que podría dar lugar a un renacimiento de la OEA. Pero es un camino, no un arribo. Es una posibilidad, no un hecho cumplido.
En ese recorrido se requiere mucha creatividad para vencer serios obstáculos.
Algunos obstáculos surgen de la ira justificada de los cubanos perseguidos y de los amantes de la libertad, ante el dolor de las víctimas por violaciones a los derechos humanos y a la libertad en Cuba, y así lo entendemos quienes hemos apoyado esas luchas frente a toda dictadura. Otros surgen del afán de los dirigentes cubanos en el poder por mantener sus prerrogativas. También están los ligados a los intereses electorales en EE.UU. Y otros surgen de las posiciones ideológicas y las conveniencias electorales en Latinoamérica de explotar posiciones antinorteamericanas.
Las experiencias de las últimas décadas muestran que la libertad, la vigencia de los derechos humanos y la democracia no se pueden imponer a la fuerza desde afuera, y reafirman la convicción de quienes creemos que esas instituciones solo pueden ser conquistadas —y a diario reconquistadas— por las propias personas que constituyen una nación.
Otras realidades históricas nos señalan que las sanciones económicas solo alcanzan sus objetivos cuando estos son muy concretos y limitados, y ellas se imponen por una gran parte de las naciones al país sancionado. Más bien, en el interminable avance en pos de la libertad, la historia nos demuestra que los intercambios con sociedades más adelantadas en esa senda ayudan a seguirla, a naciones en las que imperan autoritarismos y dictaduras. Pero este resultado ni es inevitable ni tampoco rápido, como lo demuestran China y Vietnam.
En el último siglo va surgiendo y fortaleciéndose la idea de que los derechos humanos son derechos fundamentales que merecen protección por parte de organismos internacionales. Y poco a poco la democracia se va constituyendo en uno de esos derechos naturales que ameritan protección internacional. Pero el derecho internacional aún carece de fuerza para imponerse.
Las acciones requeridas para tener éxito en estas importantes metas para América requerirán creatividad, paciencia y constancia. Y un gran apoyo a la libertad, los derechos humanos y la democracia de las naciones de América Latina y Europa, y de sus organizaciones académicas y de voluntariado.
Apertura comercial, intercambios culturales, artísticos, deportivos con Cuba promoverían allí los valores de la libertad y la dignidad humanas. Cuba en una OEA que promueva los derechos humanos y la democracia se rozaría intensamente con esos valores y estaría sujeta a las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y si se generalizara en América la vigencia de las instituciones interamericanas de defensa de los derechos humanos, los gobernantes cubanos acabarían, espero, aprendiendo a respetarlos.

Miguel Ángel Rodríguez