Presionada por el gobierno japonés, la compañía suspendió la producción de los modelos Mitsubishi eK y Nissan DayZ en la planta de Mizushima, lo cual llevó a la suspensión del trabajo en sus proveedores. Bloomberg/La República.
Presionada por el gobierno japonés, la compañía suspendió la producción de los modelos Mitsubishi eK y Nissan DayZ en la planta de Mizushima, lo cual llevó a la suspensión del trabajo en sus proveedores. Bloomberg/La República.

 Los inversores se alegraron cuando el máximo responsable de Nissan Motor, Carlos Ghosn, anunció en mayo que su compañía se aprestaba a adquirir una participación de 34% en Mitsubishi Motors, mancillada por el escándalo, como parte de una asociación estratégica más amplia. La reacción ha sido mucho menos entusiasta en Mizushima, la ciudad industrial en la tierra natal de la planta de montaje insignia de Mitsubishi en el sur de Japón.
En abril, Mitsubishi Motors conmocionó a sus proveedores, empleados y a toda la industria automotriz cuando reveló que había realizado en forma inapropiada las pruebas relativas al consumo de combustible en cuatro modelos “minicar” construidos para su empresa conjunta con Nissan y que había manipulado los datos correspondientes. Esto trajo aparejadas relevaciones de que la irregularidad en las pruebas de algunos modelos se remontaba incluso hasta 1991. Presionada por el gobierno japonés, la compañía suspendió la producción de los modelos Mitsubishi eK y Nissan DayZ en la planta de Mizushima, lo cual llevó a la suspensión del trabajo en sus proveedores.
Esta semana, los reguladores permitirán que Mitsubishi reanude la producción. Sin embargo, eso no ha impedido que los sacudidos empleados y proveedores se pregunten qué ocurrirá ahora. Ghosn es muy respetado como un artista de la reestructuración en el sector automotor y en algunos casos como un reducidor brutal de costos. Después de las transformaciones radicales que llevó a cabo en el fabricante de autos francés Renault SA a partir de los años 1990 y en Nissan a comienzos de los años 2000, Ghosn se ganó el apodo de “Asesino de costos”.
“El verdadero reto comienza ahora”, dijo Shinzo Hiruta, presidente del fabricante de suspensiones Hiruta Kogyo, en una entrevista desde su planta que es parte de un consorcio de proveedores que desde abril ha enviado a su casa o ha prescindido de 200 sobre 3 mil empleados. Si bien la decisión de Mitsubishi de vender una participación de más de un tercio para sobrevivir “es un paso adelante”, Mitsubishi Motors y sus accionistas enfrentan ahora el “Estilo Nissan”, dijo.



 

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