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Reconstrucción confusa

• Un enigmático crimen es llevado a la pantalla, en un drama soporífero y filmado sin convicción

El adversario
(L’adversaire)
Dirección: Nicole Garcia. Reparto: Daniel Auteuil, Géraldine Pailhas, Francois Cluzet, Emmanuelle Devos. Duración: 2.09. Origen: Francia 2002. Calificación: 4.

A principios de los años 90, la opinión pública mundial quedó atónita ante el caso de Jean-Claude Romand, un francés quien vivió una mentira durante casi dos decenios. En ese tiempo, él les hizo creer a sus familiares y amigos que era un médico de prestigio y miembro de la Organización Mundial de la Salud.
Nadie, ni siquiera su esposa, sospechó jamás que Romand salía de la casa en la mañana y pasaba todo el día vagabundeando por las calles, hasta que llegara la hora de regresar. El hombre conseguía dinero realizando pequeñas y grandes estafas. Cuando estuvo a punto de ser descubierto, después de 18 años de engaños, masacró a toda su familia y luego intentó suicidarse.
Este enigmático crimen de la vida real, ha sido llevado a la pantalla en distintas ocasiones, sobre todo en dos aclamadas producciones europeas: la francesa “El empleo del tiempo” (2001) y la española “La vida de nadie” (2002). Con “El adversario”, la cineasta Nicole Garcia ofrece su propia versión de los hechos, basándose en un libro del escritor Emmanuel Carrère.
El punto de fuerza de este largometraje, radica en la presencia de un soberbio protagonista, como lo es el actor Daniel Auteuil. En contra de todos los pronósticos, Auteuil luce terriblemente flojo e inexpresivo, desmotivado, casi apático. Eso sí, está perfectamente en sintonía con la falta de vigor de este drama soporífero y filmado sin convicción.
Nunca se profundiza en las motivaciones que impulsaron al personaje, que en la cinta se llama Jean-Marc Faure. La directora describe sus acciones, pero no intenta descifrar las razones detrás de ellas. En nada ayuda la decisión de reconstruir los eventos sin un orden cronológico, mediante desplazamientos temporales que generan confusión, en lugar de contribuir a esclarecer la verdad.
En medio de saltos innecesarios y cortes arbitrarios, el relato nunca avanza. Con el pasar de los minutos, el interés decae progresivamente, mientras que la frialdad de la puesta en escena y un montaje pedestre, impiden toda participación emotiva. Ni siquiera la secuencia de los asesinatos, que pudo ser escalofriante, causa algún tipo de impacto psicológico.
Este debió ser el intrigante análisis de un delito ejemplar, pues revela el grado de alienación al que puede llegar un ser humano en la convulsa sociedad moderna. En cambio, el filme se convierte en una anécdota enredada y sin trascendencia, que el espectador tiende a olvidar al salir del cine.
Incapaz de provocar emociones o estímulos intelectuales, “El adversario” simplemente proporciona una experiencia tediosa y frustrante.


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