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Martes 16 Octubre, 2007

Rateros en la ciudad

Ratero: dicho de un ladrón, que hurta con maña y cautela cosas de poco valor. En Costa Rica debemos agregarle a esta definición: …con violencia, cuchillo, pistola en mano y a pleno sol. Dice la prensa que son más de 200 los rateros que andan sueltos, solo en la metrópoli y que algunos tienen récords delictivos dignos de figurar en el libro de Guiness. Penosamente, esta es la realidad de las calles josefinas.
Lo triste de esta novela es que la acción policial queda anulada cuando pasan, a los sinvergüenzas esos, a los tribunales y al rato están de nuevo libres para continuar con sus fechorías. El colmo de esta realidad es que la policía los arresta hasta cinco veces en un mismo día y nada sucede.
¿Qué nos pasa? ¿Qué hacen los legisladores? ¿Por qué no le dan mayores potestades a la policía para que los retenga, por lo menos para investigarlos? ¿Por qué no reforman la ley penal y los meten de una vez por todas donde deben de ? ¿O es que en Costa Rica, se puede robar y ser un delincuente, sin repercusión alguna? Estos bandoleros son tan peligrosos y causan tanto daño como aquellos más publicitados que vemos en la televisión y en los periódicos todos los días.
Bastaría un par de horas de trabajo y de mayor responsabilidad parlamentaria para que, de una vez por todas, se les confieran a la policía y a los órganos judiciales las herramientas que les permitan cumplir a cabalidad con su cometido, no en vano como hoy, no con la pérdida innecesaria de recursos, que de por sí son escasos en la arcas de los organismos de seguridad, sino para que hagan su trabajo como lo imploramos ya los ciudadanos honestos de este país.
Los delincuentes asesinan en la calle, rompen las ventanas de los vehículos en marcha, se organizan en jaurías para atacar al ciudadano de a pie no importándoles si son mujeres, niños o ancianos. Estos depredadores están debidamente identificados y hasta hoy, no hemos tenido la valentía ni la responsabilidad social para sacarlos de circulación. Los toleramos y con resignación los hemos hecho parte de nuestras inseguras vidas capitalinas.
¿Cómo es posible que hayamos perdido las ciudades? ¿Como es posible que ya no podamos caminar tranquilos por nuestras calles y que estemos obligados, los ciudadanos honrados, a vivir tras las rejas?
Señores diputados, tomen en serio este asunto, ustedes tienen las potestades y los elementos suficientes en sus manos para poner orden, ustedes son los únicos que nos pueden devolver algo de nuestra tranquilidad perdida. No esperen a que la víctima sea un diputado, un ministro o alguna figura pública para tomar cartas en el asunto. Todavía estamos a tiempo para terminar con esta lacra y evitar que evolucione y se convierta en “maras” organizadas como sucede en nuestros países vecinos, donde ya nada pueden hacer, sino permitir que la gente se arme, se defienda y se mate a balazos.

Johnny Sáurez Sandí
Abogado y notario