Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 7 Noviembre, 2013

Desgraciadamente estamos en tiempos en que la política es una profesión para la cual no hay que prepararse ni formarse


“Rasputines” y “tartufos”      

A propósito de tanto asesor político sería bueno recordar  tres personajes famosos en la historia que jugaron ese papel. Empezaré con el estilo que menos me gusta para terminar con uno admirado.
RASPUTÍN. El peor de todos, se le conoció como el Monje Loco. Asesor en la Rusia de los Zares, sin escrúpulos y con gran influencia en el poder, sin ninguna formación, siempre más pendiente de los negocios y de su comodidad. Usó la religión como mampara para sus trucos. Ensalzó a los zares sabedor de sus vanidades desmedidas y de la poca capacidad política que tenían. Así Rasputín lograba nombrar  los más altos funcionarios, cuya característica general era la incompetencia.
Fue tomador, corrupto y ladrón, no faltaba a las orgías y a las fiestas de la realeza, ahí conocía los grandes secretos y cerraba las grandes componendas. Toda la aristocracia política se rendía ante él por considerarlo “muy hábil”. Utilizó su influencia para su provecho. Fue un asesor cuyas únicas capacidades fueron llenar sus bolsillos y la vanidad de sus gobernantes.
TARTUFO. Un asesor torpe e hipócrita, algo que todos percibían menos aquellos a quienes asesoraba y con quienes colaboraba. Su habilidad lo llevó a convertirse en el consejero espiritual de los que ejercían el poder, para terminar gobernando ilícitamente en la oscuridad. Muy parecido a Rasputín, pero con la desventaja de que no existió en la realidad. Fue un personaje de la obra “El Impostor” del famoso dramaturgo francés Moliere, quien la presentó en 1664.
Fue una obra en cinco actos que Moliere tuvo la osadía de presentar ante el Rey de Francia y sus devotos, los que se sintieron aludidos y no dejaron que pasara del tercer acto. Hoy en nuestro idioma hablar de un tartufo significa definir a una persona que es hipócrita y falsa, pero para Moliere, además de eso, era la caracterización de personas que la única posibilidad de superación era  aplaudir las estupideces del Rey y llenar sus vanidades para estar cerca del poder.
MAQUIAVELO. Un maestro, un estudioso de la “realpolitik” de su época, muchas veces descontextualizado por aquellos que lo han querido satanizar por ignorancia, más cuando su nombre les suena a maldad. Maquiavelo justificó la arbitrariedad en momentos de crisis de gobierno, creía que en estos casos el mejor gobierno era el del “príncipe” —el de una persona, un dictador— porque era la única forma de acabar con la corrupción.
Empero, aseguró  que el mejor régimen era el gobierno político, con una clase media poderosa, puesto que era lo mejor para preservar los Estados a través del tiempo. Mienten quienes dicen que Maquiavelo le recomendaría al Príncipe un “gabinete” de mediocres e ineptos, todo lo contrario; él entendía que la política era, a la vez, un arte y una ciencia, por lo que no cabía improvisar individuos en las funciones del Estado. Además, en sus “reglas de conducta” Maquiavelo situaba en primer plano la honestidad.
Desgraciadamente estamos en tiempos en que la política es una profesión para la cual no hay que prepararse ni formarse, entonces es cuando empiezan a pulular los “tartufos” y los “rasputines”, que algunos por ignorancia les llaman “maquiavelos”.

Claudio Alpízar Otoya
Politólogo