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Jueves 8 Diciembre, 2011

Que paguen los ricos

“Que paguen los ricos” es otra de las afirmaciones falsas en las que se fundamenta el proyecto de Solidaridad Tributaria y lo han utilizado y continúan utilizando los más altos funcionarios del Gobierno para promover el proyecto.
El problema de esta actitud es que caemos en la trampa y se produce un sesgo peligroso en las disposiciones legales.
Con esta consigna pretenden conquistar, a los señores diputados y a todo un pueblo, para que apoyen el proyecto. Todo esto al mejor estilo de Robin Hood, el Llanero Solitario y el Zorro, personajes que se ganaban la buena voluntad del pueblo, reconociéndoles su labor “justiciera” y “encomiable” porque robaban a los ricos en beneficio de los pobres. Para todos nosotros, ellos eran los buenos de la película.
Todos estamos de acuerdo con que las personas de más altos ingresos deben contribuir con sumas mayores que las personas de menores ingresos, todo lo cual tiene límites que deben ser considerados, para lograr la justicia y la equidad, encontrar la armonía, la paz, la convivencia, el fomento de la producción y el empleo y que el Estado brinde un servicio de excelencia.
Los funcionarios de gobierno saben perfectamente, como todos lo sabemos, que es imposible que los impuestos los paguen solamente “los ricos”, sin embargo con este enfoque publicitario, dejan la impresión en la mente de los habitantes de que “los ricos” son los que pagarán los impuestos.
Desafortunadamente estas posiciones llevan a nuestros gobernantes como en este caso, a plantear reformas con un fuerte sesgo en la estructura impositiva, con efectos negativos para la producción y el empleo, que en forma desmedida castigan a los ciudadanos que con el esfuerzo de su trabajo, generan mayores recursos.
Este enfoque es exactamente el mismo que ya hace muchos años utilizaron los comunistas y los socialistas de la extrema izquierda, de promover la lucha de clases, como medio para “reivindicar” a los habitantes menos favorecidos y de escasos recursos económicos. Todos sabemos cuál ha sido el resultado de tales posiciones. Nuestra estructura tributaria ha sido nociva para nuestro desarrollo. Dejemos de lado las ideologías y abandonemos los viejos conceptos que han impedido nuestro desarrollo.
Existen en nuestro sistema, grandes distorsiones y enormes contradicciones, sobre lo que debería ser un equilibrio razonable de las cargas impositivas.
En vez de corregir las distorsiones, con el proyecto son aumentadas, como el reciente impuesto a las sociedades, productos y servicios exentos, diferentes tasas de impuestos para bienes y servicios y, deferentes tasas para gravar ingresos.
También impactan fuertemente a las personas de bajos ingresos, los impuestos de consumo y arancelarios, a los electrodomésticos y a los vehículos, que son claramente confiscatorios. Estos bienes son adquiridos por una mayoría abrumadora de los habitantes.
En conclusión, la reforma planteada no ataca verdaderamente la carga impositiva que pesa sobre los habitantes de bajos ingresos, sino que la frase de que “paguen los ricos”, es otra falsedad y un recurso propagandístico, sin respaldo alguno en las reformas del proyecto.

Danilo Villalta Loaiza
Economista con énfasis en administración de negocios
Ex director general de Deloitte