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Martes 25 Diciembre, 2007

¿Qué hace diferente a una organización exitosa de aquellas que no lo son?

Responder a esta pregunta nos puede llevar a muchas respuestas, existen opciones diferentes dependiendo desde donde se aborde el tema. Sin embargo, en todas y cada una de ellas debe existir una máxima: la coherencia del mensaje.
Ninguna organización puede darse a conocer si no se conoce a sí misma, si no conoce su propia identidad. Y esto ocurre porque las empresas rara vez se sientan a pensar cuáles son sus atributos e inclusive cuáles sus debilidades. Cuando hablamos de la identidad nos referimos al “yo” de la institución, a su personalidad tanto en lo visual como en lo cultural. La identidad se construye, muchas veces las instituciones tienen su identidad pero desordenadamente, los mensajes son dispersos, los receptores ven causas y cosas diferentes, sacan sus propias conclusiones —grave error en comunicación—.
Con esto lo que queremos decir es que no solo basta el talento de una persona o lo buena que pueda ser una organización. Se necesita elaborar una estrategia de comunicación que permita que esas capacidades sean conocidas y reconocidas en los públicos meta externos a los cuales se quiere llegar. Esto no pasa por alto la necesidad de desarrollar una adecuada comunicación interna.
Lo anterior lo podemos resumir como la necesidad que tiene toda organización de crear su imagen pública. El especialista en imagen Víctor Gordoa dice que cuando hablamos de imagen, estamos externando la sensación interior que resulta de la impresión material hecha a los sentidos. La imagen produce un juicio de valor y llega a convertirse en la realidad del receptor —quien responde a esta tomando acciones determinadas—. Cuando esta “realidad individual” se comparte con más personas se convierte en una imagen colectiva, o bien lo que vamos a llamar imagen pública.
Cuando damos un vistazo a nuestro entorno inmediato nos encontramos con un sinfín de propuestas de comunicación que aparecen en la radio, en la televisión, en el periódico. Muchas de ellas valiosísimas desde el punto de vista publicitario, cargadas de creatividad e ingenio, otras –las más— carentes de toda lógica y uniformidad en el mensaje. Por ello, aquellos que trabajamos en comunicación no debemos dejar nuestra propuesta únicamente en la plástica, tenemos que desarrollar sensibilidad y responsabilidad social tanto para no engañar a nuestros clientes con trabajos mediocres, por un lado, y por el otro a los consumidores o usuarios de los servicios.
Para crear la imagen de una organización debemos definir claramente un manual de fundamentos donde se recoja la esencia, el “yo corporativo”. Acompañado por la creación de imágenes que viene a ser la construcción físico-psicológica que determinará la reacción de la gente hacia la organización.
Una vez organizada la casa nos dedicaremos a desarrollar acciones puntuales: relaciones sanas con la prensa, organización de eventos con propósitos claros, conquista de públicos, entre otras. Es importante destacar que en la elaboración de estas acciones un comunicador responsable tiene que ver el universo y no la estrella. Es decir, hay que estructurar un discurso “verbal” pero sin olvidar, jamás, la fuerza de la comunicación no verbal en la transmisión del mensaje: uso del color, del espacio, de la kinesia —movimiento del cuerpo—, contacto visual, entre otras.

Carlos F. Quesada Campos
http://www.comunicacionenmayuscula.com