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Sábado 25 Octubre, 2014

El presidente Solís no puede ser permisivo con el cinismo de los sindicatos, algunas veces con irresponsabilidades


Promesas de los gobernantes

Costa Rica es un país lindo y próspero que debemos cuidar. Si no lo hacemos, como el agua se irá de nuestras manos. En los últimos tiempos han sucedido cosas no muy buenas, impresionando que el país se nos podría convertir en ingobernable, especialmente si quienes cada cuatro años llegan al poder, no saben, no quieren o no pueden gobernar.
Con el gobierno del presidente Luis Guillermo, seremos vigilantes debido a que hay ciudadanos y sindicalistas haciendo lo que les venga en gana, como ahora en Limón, donde llegaron a una huelga innecesaria que le ha permitido al Presidente zocarse la faja.


Como si se tratara de un cuento de hadas, los políticos en campaña aseguran que ellos saben gobernar y nosotros les creemos. Prometen paz, eliminar la corrupción, levantar la economía, mejorar la seguridad, en síntesis, convierten a Costa Rica en un Estado eficiente levantando “llamaradas de ilusiones” pero, en poco tiempo comienzan los desatinos.
El gobierno del “pueblo gobierna para el pueblo” si se quieren hacer bien las cosas y no solo echarse las flores, pues de no ser así, seguiría “petra con calentura”, tambaleándose la economía con la falta de generación de empleos. Si a esto agregamos empresas quebrando y otras que se van del país, el panorama sería muy negro.
La verdad, si el Estado no es eficiente, nos perjudica a todos. Lamentablemente estamos viendo otro fenómeno: focos rojos por todo lado manifestándose en las calles por lo que sea y que solo sirven para estorbar a quienes tenemos que trabajar. Fácilmente llegamos a comprender que el país cargado de eficacia que ofrecen en campaña, no es eficiente, ni capaz y mucho menos funcional.
Las obras, toda esa infraestructura que tanto necesitamos para avanzar, queda en la “cola del venado”, o sea, que la realidad es insulsa, irrefutable, terminante. Lo que más interesa no es saber que estamos atrapando más narcotraficantes y que nuestra seguridad es mejor que en el resto de los países del área, no; lo preocupante es saber que nos estamos metiendo en un torbellino de violencia, inseguridad, impunidad e ilegalidad.
Algunas cosas no se han hecho bien como pasar por encima a la autonomía municipal en San José. Se pueden encarar retos que superan a la autoridad y que no hemos visto antes, excepto cuando un presidente tomó al país como su finquita, “gastando dinero en confites”.
¿Adónde cree usted amigo lector que vamos a dar, si las cosas no se enderezan? Estos últimos años el país los ha vivido en desorden, entre abusos e ilegalidad, todo a la sombra de la corrupción y la tolerancia de gobiernos y padres que permiten que sus hijos desde muy temprana edad consuman guaro y mariguana.
Qué nos pasa con Costa Rica, el país de paz y próspero que no hace muchos años, en las escuelas cantó orgulloso: “los hijos del pueblo levanten la frente…”. En estos momentos nos parece que el orden social se sostiene con tachuelas.
El presidente Solís no puede ser permisivo con el cinismo de los sindicatos, algunas veces con irresponsabilidades. Pregunto: de no cambiar, “¿qué país estamos legando a las futuras generaciones?”…

Eliseo Valverde Monge

Médico