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¡Préstate atención!

¿Cómo sería la calidad de desempeño de un equipo deportivo si cada uno de sus miembros se hiciera cargo de mejorar la gestión de su pensamiento? ¿Qué sucedería si dejaran de prestar excesiva atención al entorno que les resta concentración y se ocuparán más en lo interno que acrecienta su energía y productividad? Cada vez más veremos la incorporación de métodos de preparación que enfaticen la ecuanimidad, la paz personal y la calidad de vida integral.
Ningún deportista se esfuerza por ser infeliz, ni se esmera en crear guerras consigo mismo. Sin embargo, todos pueden sentir temores, inseguridades, negativismo, desesperación, y dependencia de estímulos externos para definir su ánimo. Las emociones destructivas drenan energía. Un pasado negativo del que no se haya aprendido, un futuro incierto que genera ansiedad o una sensación de que lo externo es más importante que el pensamiento propio, son tres factores que reducen la fortaleza mental.
Lo natural es que cada persona procure construir su estado de paz interior, pues allí nacen la estabilidad emocional, las relaciones armoniosas y la ecuanimidad para tomar buenas decisiones. Trabajar en esto es un acto de responsabilidad, incluso hacia los demás, porque todos nos impactamos mutuamente. La paz interior aumenta energías edificantes. ¿Cuáles son algunos hábitos para construirla día a día?
Quien robustece su cuerpo en tiempos de salud se defenderá mejor cuando la enfermedad ataque. En igual modo, quien se discipline a fortalecer su mente con pensamientos serenos, realistas y productivos soportará mejor el paso de las crisis. Para eso debe convertirse en un observador activo de cómo piensa y establecer un íntimo y riguroso filtro de la calidad de sus emociones y reacciones.
Una segunda disciplina es no reaccionar de inmediato a los estímulos nocivos. Lo ocurrido no puede ser cambiado, pero queda por definirse la respuesta más inteligente y alineada con los valores. También es preciso ser compasivos con quienes intentan hacernos daño, ellos no comprenden que al hacerlo solo se afectan a sí mismos. Cuanto más respeto tenemos hacia nosotros, menos nos inquietarán las acciones de quienes están en guerra con ellos mismos.
Finalmente, al prestar más atención a nuestro modo de pensar ratificaremos la validez de las palabras de Mahatma Gandhi: “Los únicos demonios del mundo son los que corren por nuestro corazón. Allí es donde hay que dar las batallas”.

German Retana
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