David Gutierrez

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Martes 9 Diciembre, 2014

Recientemente visité la península de Nicoya y tuve la oportunidad de experimentar dos tipos muy diferentes de servicio


¿Por qué la insistencia?

Costa Rica es uno de los países más caros de América Latina. Los precios de los servicios regulados o de los productos con alta protección arancelaria son, en buena parte, responsables de ese encarecimiento de la vida en nuestro país.
Recientemente visité la península de Nicoya y tuve la oportunidad de experimentar dos tipos muy diferentes de servicio.
Por un lado, a la ida debí utilizar el ferry de Puntarenas a Paquera, que es operado por una empresa que da servicio de cabotaje de personas, vehículos y carga, como concesionario público autorizado y reconocido por el Estado de Costa Rica bajo condición de monopolio.
El sistema para la compra de los boletos es arcaico: no se pueden hacer reservaciones telefónicas o electrónicas.
Como si estuviéramos en la prehistoria, el usuario debe hacer fila en su automóvil por una o más horas para reservar un espacio. Muchos hacen esto sin apagar el motor para usar el aire acondicionado, por lo que además aumentan la contaminación y el gasto de combustible.
Una vez que está llegando el ferry, se reparten las “boletas” que le permiten al usuario (quien está pagando por el servicio…) acercarse a unas ventanillas en una panadería, para comprar el boleto en medio del desorden del lugar.
Por otra parte, el ferry avanza con mucha lentitud y una de las posibles razones para esto es ahorrar costos de combustible. Recorre cerca de 18 kilómetros de distancia entre Paquera y Puntarenas en unos 75 minutos, cuando podría hacerlo en mucho menos tiempo.
En síntesis, el monopolio y la regulación hacen que el concesionario no piense en el consumidor.
La experiencia al regresar fue muy diferente, ya que utilicé un taxi acuático de “Zuma Tours”, exclusivo para transporte de personas.
Esta empresa, que no transporta vehículos, opera en un régimen de competencia, con un servicio de primera y la compra de tiquetes es sencilla y eficiente. El viaje de casi 45 kilómetros se lleva a cabo en poco más de una hora en una lancha confortable y con un personal que busca la satisfacción de sus clientes.
Más que comentar las experiencias positivas o negativas, este artículo permite comprobar que la competencia siempre es buena para el mercado y los usuarios. Además, el comportamiento monopólico o cuasimonopólico es todo lo contrario.
Lo curioso es que ya lo hemos probado con banca, telecomunicaciones, seguros e importaciones de algunos bienes de consumo.
La apertura de los mercados es la decisión correcta, tanto para incrementar la competitividad del país como para beneficiar a los usuarios que pagan por un servicio.
En un momento en el que se necesita pensar en generar más y mejores empleos, debemos promover la creación y fortalecimiento de empresas privadas, así como el apoyo al sector privado.

David Gutiérrez

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