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GAPARI

Cuando don Gastón Kogan le pidió a Manuel “Neno” Jiménez que lo acompañara al Orange Bowl en Miami, para conversar, convencer y firmar a los mejores tenistas juveniles del mundo para que se vinieran a jugar en Costa Rica un torneo similar que sería bautizado como Copa del Café, en honor a nuestro grano de oro de exportación, ninguno de los dos, ni siquiera los compañeros de Kogan en el comité organizador, podían imaginarse que con ese viaje a Florida, le estaban dado forma e inicio al evento internacional deportivo de mayor renombre en el país, que ahora cumple su edición 48.
A mediados de los años 60, no se jugaba en México el Casablanca, de manera que existía un trecho largo de tiempo entre el Orange y el Coqui Bowl en Puerto Rico, la segunda semana de enero y entre los dos se incrustó la Copa del Café.
Uno de los mayores éxitos de esta competencia radica en la calidad humana y deportiva de sus dirigentes.
Como bien lo expresó don Julio Castilla, presidente del Costa Rica Country Club, el día en que fue presentada a la prensa deportiva la nueva edición, muy pocos torneos en el mundo se pueden vanagloriar de sumar tantos años de vida, con tan pocos presidentes.
Seis jerarcas ha tenido la Copa del Café en 48 años, lo que da un promedio de duración de ocho ediciones: Gastón Kogan, su líder indiscutible, hombre visionario, a quien acuerpó muy bien doña Nora Schofield fue el primero; lo siguió don Alvaro Umaña en un corto periodo, para dar paso a la era de don Fred Thome, que fue larga y fructífera; al padre de los hermanos Thome lo sustituyó el Dr. Ricardo Kriebel por un largo periodo donde el evento entró de lleno en la era de la informática.
Siguió don Ricardo Mendieta, lamentablemente fallecido muy temprano y a este lo sustituyó el joven dirigente Kenneth Thome, hoy en su tercera temporada.
Precisamente los hermanos Thome y el internacional Juan Antonio Marín, son la tripleta de tenistas costarricenses que más lejos han llegado en la Copa, incluyendo instancias finales.
Los colegas de la prensa deportiva se preguntan el porqué pasan los años, transcurren las nuevas ediciones de la Copa y no surgen tenistas criollos que emulen las hazañas de estos tres compatriotas.
Se pueden dar diferentes respuestas: la primera, la calidad de los tenistas que nos visitan, monstruos del tenis juvenil; la segunda, no todos los tenistas tienen un papá como don Miguel Marín, padre de Juan Antonio, mezcla de fe, riesgo y aventura.
Además, pocos tenistas tienen la fortaleza mental y los valores que reúne la familia Thome Bolaños, vitales para triunfar en un deporte tan competitivo.
Somos testigos de muchas familias que han invertido millones de colones educando a sus hijos en el mundo del tenis competitivo sin resultados. Al final, gana la beca universitaria en Estados Unidos.

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