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Por un desarrollo adecuado


El desordenado desarrollo urbanístico, comercial y tecnológico de Costa Rica, y en especial de la Gran Area Metropolitana (GAM), ha dejado de ser un tema académico del cual solo algunos se preocupaban y al que otros solo veían como algo etéreo, para convertirse en la actualidad en un punto neurálgico de preocupación, una verdad de Perogrullo sobre la cual se hace cada día más necesario empezar a trabajar.
Un grupo de analistas se ha dedicado durante los últimos cuatro años a realizar estudios de las deficiencias que existen en los 31 cantones que componen la GAM y a recomendar propuestas para contar con una ciudad más competitiva a nivel comercial, más habitable para sus integrantes y más sostenible en materia ambiental.
El esfuerzo ha sido bueno, toda vez que en el país no se había efectuado hasta ahora un análisis de esta magnitud. Lo tradicional han sido las iniciativas aisladas, los planes cortoplacistas, las ideas cercadas por la división —algunas veces egoísta— de los límites cantonales.
Estas son precisamente las ideas que deben quedar en el pasado si es que queremos que la GAM, que genera el 70% de la producción nacional y acoge al 85% de la industria, pueda competir de tú a tú con otras ciudades del mundo en las que sí se ha realizado una planificación concienzuda y adecuada.
La competencia es grande. Ciudades como Shanghái, en China, poseen en sus maquetas las ideas de cada edificio, cada línea ferroviaria, cada cable de luz y cada tubería que se construirá en los próximos 20 años. Otras ciudades más cercanas, como Bogotá por ejemplo, también sirven de ejemplo de lo que es un desarrollo planificado.
En Costa Rica, mientras tanto, aún seguimos padeciendo los mismos pecados del pasado, preguntándonos si algún día por fin se concluirá la carretera de Circunvalación, si en verdad se logrará la reactivación del ferrocarril, o si nuestros manantiales podrán soportar el crecimiento urbano de la próxima década y llevar el líquido a cada uno de sus habitantes.
Estos son los grandes retos a los que las autoridades deben dar respuesta. De lo contrario seguirán naciendo cada día urbanizaciones sin servicios mínimos, carreteras sin final, y costarricenses sin un futuro claro.
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